¿Quién es Margarita Be?



(No entiendo por qué la gente en la sección "Sobre mí" siempre escribe qué estudió, para quiénes trabajó y en qué se especializó. Como si eso los definiera como seres humanos...

Pero si usted es de esos que le da más importancia a lo que hacen las personas y no a lo que son, aquí le dejo un resumen: Publiqué un libro en Colombia con otros diez escritores llamado "Proyecto Once", estudié Comunicación Social con énfasis en Periodismo en el Politénico Grancolombiano en Bogotá. Escribí para el diario ADN y el portal de noticias web de Radio Santa Fe, hice locución en W Radio, estudié literatura en IDARTES, gané el premio a La Mejor Plataforma Digital en los premios Persépolis en el año 2012... y creo que eso es todo lo que vale la pena contar). 

Ahora sí, pasemos a lo importante.

Colombiana radicada en Nueva York. Escritora y diseñadora. He sido locutora, floristera, modelo, recepcionista, aseadora, cajera de supermercado y vendedora de juguetes sexuales, pero mi diploma universitario dice: periodista y comunicadora social.

Estoy obsesionada con los espejos y los labios rojos. Soy una pésima bailarina y tengo varios complejos: no me gusta mi nariz y a veces quisiera tener un poco más de senos. La nariz porque de niña choqué contra una pared mientras jugaba a la lleva, los senos, pura presión social. (A veces pienso en operarme, pero después me acuerdo que no quiero tener la tetas iguales a la mitad de Colombia y se me pasa).

Soy una persona muy ensimismada, en ocasiones me quedo alelada mirando a un punto fijo por varios minutos. Amo mi cabello largo  y despeinado, amo mis ojos y mis cejas, amo mi cintura y mis nalgas. Amo el tono de mi voz y el color de mi piel, y el resto de mi físico no me molesta en absoluto. Siempre quiero estar sola en la casa escribiendo y escuchando música vieja.

De niña hablaba demasiado, casi todo el tiempo sola. Era egoísta, pensaba que los demás querían solo saber de mí. Recitaba poemas, hacía menjurjes con matas en el patio de mi casa y me divertía escarbar en la tierra buscando tesoros perdidos.

En dos colegios femeninos tuve matricula condicional. En el primero, porque era una niña aislada y me encantaba leer en la biblioteca libros de espantos, además la profesora de los lunes (una vieja llamada Maria Judith) me regañaba tanto que comencé a enfermarme a propósito: los domingos en la tarde me empezaba a subir fiebre y me daban temblores, y los lunes por la mañana, mi cuerpo estaba tan enfermo, que literalmente no podía salir de la cama. Sin embargo, para el lunes en la noche ya estaba totalmente recuperada, por ese motivo asistí a terapia psicológica, y además, entendí el gran poder que tiene la mente.

En el segundo colegio tuve condicional porque creé un grupo de irreverentes con problemas de conducta. Ahí comencé a explorar mi lado popular, me volví la líder de las nerdas del salón. En ese lugar robaron mis escritos por primera vez en la vida. Ese día sentí el dolor de la injusticia penetrarme el cuerpo: vi a mi compañera llegar con un premio que había ganado a costillas mías… pero la acusé y tuvo que pedirme disculpas públicas. A partir de ahí comenzó la guerra. Tal vez por eso, durante gran parte de mi vida creí que las mujeres eran mis rivales y hacía amistad solamente con hombres.

Hace cuatro años vine a Nueva York, aquí comencé a descubrir quién soy realmente y aprendí a amar a las mujeres, a vernos como aliadas y compañeras de viaje. De hecho, evito las peleas a toda costa y adoro ser amable porque creo ciegamente que se debe tratar a los demás como si se tratara de uno mismo.

Siempre he querido ser bruja, me encanta creer en la magia, los hechizos y las energías, y todo el tiempo investigo sobre eso. Tengo un bello cuenco tibetano que toco por las noches y cristales muy poderosos, que según yo, me llenan de energía mística.

Cuando traté de ser feminista mutilé mi lado romántico pero la verdad soy muy sentimental. Amo la belleza y el amor, y cuando me enamoro puedo recostarme con los ojos cerrados e imaginarme escenas cursis por horas. Amo los dramas y llorar con ellos, de hecho escribo mucho sobre amor, incluso aunque no estoy segura si he amado, pero ¿quién creó el amor para saberlo?... 

A pesar de eso no puedo hablar de mis emociones, me es muy muy difícil decirlas en voz alta, creo que por eso las escribo: en parte soy una gran reprimida. De hecho comencé este blog hace casi seis años, exactamente después de romper con un amado al que no pude bajarle la cabeza y decirle que me perdonara, que jamás había sido mi intención dejarlo (juro que lo intenté).

A veces pienso que no soy nada interesante y cuando alguien me cuenta algo no sé qué decir, a veces pienso que soy rara (también me lo han dicho). A veces siento que nada me emociona, a veces tengo pereza de hablar y siempre he tenido problemas para demostrar interés, pero no por el hecho de que no me interese. Por eso mis relaciones no han funcionado y por eso mis parejas han sido siempre hombres con cualidades femeninas.

Aunque he intentado a través de los años, me siento desnuda y temblorosa hablando de mis miedos, de mi anhelo eterno de querer ser amada. Tal vez por eso, Dios quiso regalarme un aliciente, una manera de comunicarme que va más allá de mi voz, que brota de mi alma, atraviesa mi estómago, pasa por mi corazón y sale por mis manos. 


Si quieres hablar conmigo sobre un tema en especial, hacerme una pregunta o conocerme mejor, no dudes en escribirme a margaritabenyc@gmail.com o a través de mi Facebook o Instagram
¡Besos y abrazos!

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