Todas las mujeres somos brujas



Todas las mujeres somos brujas. 

Con una sola mirada desnudamos a quien tenemos en frente: vemos a través de su carne y leemos de inmediato su alma. 

Las mujeres tenemos una vocecita en el pecho que nunca se equivoca y nos advierte cuantas de las palabras que nos dicen son mentira. 

Las mujeres no solo comprendemos las emociones de otros, nosotras nadamos en ellas o las tomamos del aire y las sentimos como propias. 

Las mujeres soñamos cosas que después se hacen realidad y, a veces incluso, con una suposición predecimos el futuro. 

Las mujeres decodificamos la energía de un lugar con solo entrar en él, comprendemos de inmediato si hubo un enfrentamiento o un momento de dolor y lo hacemos no de manera cognitiva, sino a través de un entendimiento inexplicable e incomprensible. 

Las mujeres nos comunicamos con otras mujeres casi de forma telepática: con una  mirada específica, arrugando la boca, alzando la ceja o levantándonos para ir al baño.

Las mujeres sabemos con un solo cruce de miradas que persona desea a nuestra pareja y que persona pretende hacerle daño a nuestros seres queridos. 

Las mujeres sabemos lo que un bebé necesita para seguir viviendo aún sin haber preguntado a nadie ni haber recibido consejos.

Las mujeres sabemos qué estado de ánimo atraviesa otra persona con solo escuchar unos instantes su voz al teléfono. 

Las mujeres sabemos de sobra quién tiene malas intenciones con otras mujeres que amamos y junto a quien nos conviene estar aunque a veces lo ignoremos y deseemos cambiarlo. 

Las mujeres procesamos el mundo, la materia y las emociones de una manera que se escapa al entendimiento. Las mujeres somos transformadoras de energía y conocedoras natas de los estados etéreos del universo, somos mágicas y, que no quepa la menor duda, todas somos brujas.

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