Alejandra Pizarnik: Diez fragmentos suyos que desbaratan cualquier alma


La primera vez que escuché hablar de Alejandra fue en la universidad. Tras formular una pregunta y un largo silencio, mi profesor dijo "hace tanto silencio que las palabras se suicidan" y luego agregó "como diría Pikarnik". Esas palabras hicieron eco en mí. Anoté la frase en el cuaderno, y al final de la clase me acerqué a él:

 --¿Cuál era la autora de esta frase?-- le pregunté apenada, --no alcancé a agarrar el nombre.

Me dio las palabras "Alejandra Pizarnik" y esa misma tarde comencé a nadar en sus letras. Ella se me había adelantado en emoción, en experiencia y sufrimiento. Me sentía como ella: en pocas palabras, yo, además de ser quien era, también era una mujer que había existido hacía varias décadas en su piel. Supe también, que Pizarnik era más que yo misma, era la identificación de la humanidad entera, eran suyas las experiencias de todos los seres humanos. 

Esa es la parte luminosa de la gente que escribe: quien escribe se atreve a identificarse con el mundo entero. Se atreve a mostrar su vulnerabilidad para decirle a los demás que no están locos, hace de cueva cálida: se atreve a asumir sus inseguridades y vulnerabilidades en público. Te creías un loco. El único ser que verdaderamente sufría en el mundo. No. El escritor llega y abre su piel, la desgarra a punta de verdades, comienza a ser honesto consigo mismo y por consecuente, con todos los demás. 

Eso me enseñó Alejandra que portaba la herida de no pertenecer, del amor no correspondido y de la terrible alienación de sí misma que finalmente la llevaría al suicidio en 1972. En el recorrido por sus textos, hay un sendero dibujado desde la pérdida de su infancia y el sentimiento de desarraigo, hasta la curiosidad por su sexo y la exploración poética que la escritora elegiría mas adelante como rumbo de vida.

En sus propias palabras, Pizarnik buscaba en la literatura un método para repararse a sí misma y sanar una herida a la que llamaba “fundamental”: 

"Escribo para que no suceda lo que temo; para que lo que me hiere no sea; para alejar al malo. Se ha dicho que el poeta es el gran terapeuta. En este sentido, el quehacer poético implicaría exorcizar, conjurar y, además, reparar. Escribir un poema es reparar la herida fundamental, la desgarradura. Porque todos estamos heridos".


Y sin darle más vueltas al asunto, aquí están diez fragmentos de su obra que me han tocado especialmente y estoy segura te tocarán a ti también:

1. "¿Quién me escuchará si le digo: Te odio, te necesito, ven a vivir conmigo, hagamos juntos el odio, el amor, lo que tú quieras pero juntos?"

2. “Entonces llegas tú, con ojos, con miradas, contemplándome hasta quemar mi edad y mi historia. Me regresas, me trasladas al tiempo sin números, me zambulles en el mar de sangre y cielo. Yo duermo y oficio de contemplada. Mis ojos arrojan fuego verde por los párpados cerrados. Sonrío como un pájaro que muere en medio de su canto. Me deshago en tu mirada: en tus ojos hay la seguridad y el orden, hay la creación, hay la poesía seria como una invocación a la lluvia. Habito tus ojos para guarecerme del frío y del peligro conocido. En tus ojos hay las aventuras que siempre finalizan con manos entrelazadas. Llega a mí”.

3. "A Silvina Ocampo: Me muero de fiebre y tengo frío. Quisiera que estuvieras desnuda, a mi lado, leyendo tus poemas en voz viva. Sylvette mon amour, pronto te escribiré. Sylv., yo sé lo que es esta carta. Pero te tengo confianza mística. Además la muerte tan cercana a mí (¡tan lozana!) me oprime. (…) Sylvette, no es una calentura, es un re-conocimiento infinito de que sos maravillosa, genial y adorable. Haceme un lugarcito en vos, no te molestaré".

4. "Noche de insomnio a pesar de que tomé diez pastillas. Lloré. Me odio más que nunca y odio mi cara y mi cuerpo pues los miro a través de sus ojos. Odio mi cara que no supo fascinarla. Amo y no sé que hacer. ¿Qué se hace en éste mundo civilizado cuando se ama así?"

5. “Y le dije: por favor, no me hagas daño, por favor, no te rías de mi amor. Y luego le dije: por favor, acéptame como alguien cuya sola alegría es tu existencia en este lugar miserable”.

6. “¡Terribles rincones vacíos del cuarto! Cada uno se llena con la deseada presencia del ser amado. Rincones desnudos. Los dedos se retuercen en el aire tratando amorosamente de hallar Esos brazos, Esos ojos, Esa boca…Y ninguna magia activa su renombre”.

7. Cada cual se forja su mundo. Mi mundo es esta habitación. Fuera de ella está lo desconocido, lo indiferente, que no tengo deseos de explorar. Acá es donde siento la limitación. Acá es donde veo lo vano de los esfuerzos humanos. De pronto, me asalta la idea de vivir. Me pregunto si vivo. No sé qué es vivir".

8. “La poesía es el lugar donde todo sucede. A semejanza del amor, del humor, del suicidio y de todo acto profundamente subversivo, la poesía se desentiende de lo que no es su libertad o su verdad”.

9. "Lo que sucede es que debí suicidarme a los 18 años. Ahora es tarde para ser como soy. Nunca alcanzaré la serenidad. En cuanto al desorden actual es suicida pero no lo suficiente. O sea que hay algo que me retiene y no me deja ir al fondo del desorden, pero eso que no me deja ir es algo intelectual, una caricatura moral. Quiero decir, en cuanto me sucede algo doloroso o en cuanto me sucede cualquier cosa no existe más la intención de un orden sino, por el contrario, una sed de destrucción de mí que nada ni nadie apacigua”.

10. “Suicidarse es perder la noción de la fatalidad y del destino. No tener más miedo de lo que todavía puede venir a hacerme doler y sufrir. Suicidarse es reconocer que lo peor está ocurriendo ahora. El suicidio es el rechazo rotundo del presente. Por eso pocos neuróticos ansiosos se suicidan, están siempre a la espera de un mal mayor. Suicidarse implica la máxima atención y lucidez, decirse «esta soy yo, ahora, aquí». Y saber, también, que no se debe esperar más. Suicidarse es cerrar una puerta, la de la sala de espera”.

Comentarios

Entradas populares