Fragmento para un amor olvidado

Ilustración: Henn Kim


Ese amor, que de alguna manera se sentía pactado en otro tiempo, en otro plano o dimensión, comenzaba a tocarme nuevamente. “Lo amas” afirmó una voz débil en algún lugar entre mi cabeza y mi pecho. Dudé, e inmediatamente después me preguntó “¿podrías vivir en un mundo en el que ya no existiera?”, me agité, tuve miedo. No podría. Aquél ya no podría ser mi mundo. Estar en ese mundo sería un error.

De la forma más sórdida e incomprensible yo había olvidado aquella verdad porque comencé a dar su existencia por hecho. Recordé en ese instante lo que se necesita para crear vida, y de todos los encuentros del mundo, cuántos son casuales. Ambas cosas, el hecho de vivir, y el de encontrarnos, eran dos milagros que habían congeniado anteponiéndose a las dificultades del mundo. Eran dos milagros enormes y extraños desacreditados por el tiempo que habíamos permanecido separados. Aquél día desperté de un sueño. La realidad era, sin dudas, que yo lo seguía amando.





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