Miedos y sueños recurrentes: ¿Qué relación tienen?

Ilustración: Henn Kim

Mi mayor fobia desde niña ha sido caerme en aguas oscuras. La sola idea de caer en el mar, en un lago, laguna, lo que sea durante la noche, me da escalofríos. Mi temor llegó al punto de no poder cerrar los ojos bajo el agua: si los cerraba, podía ver el rostro de algo "semihumano" que nadaba en el agua, conmigo. 

Ese algo tenía ojos amarillos y de su cuello salían espinas transparentes. Su piel era gris y lucía gelatinosa. No recuerdo que tuviera nariz ni boca, solo una hendidura, aunque el conjunto de su cuerpo me recordaba a una silueta humana.
Bajo su cabeza había dos brazos y un tronco también grises y nunca pude ver sus piernas porque abría los ojos un segundo antes de llegar a ellas. En la seguridad de las baldosas blancas y las cortinas de baño, mi corazón saltaba advirtiendo que si me tardaba un segundo más en abrirlos, algo muy malo me hubiera sucedido...
Para contrarrestarlo, supongo, he tenido muchas veces un sueño (también desde niña) en el que puedo respirar bajo el agua y casi siempre acontece más o menos así:
Aparece de la nada una piscina cristalina frente a mí, se ve como un lago de cielo. Está totalmente reposada, ni siquiera una pequeña onda se refleja en ella. Mi corazón me pide que salte. Me sumerjo completamente. Hasta el fondo. Mis oídos y los orificios de mi nariz se llenan de agua. Veo el azul rodeándome y siento una calma extraña, todavía no estoy ansiosa de salir a la superficie. No siento la necesidad de respirar.
Tal vez unos minutos más tarde empieza a surgir una incomodidad en mi pecho. Es casi imperceptible, pero sé que ha llegado el momento: mi cuerpo necesita oxígeno. Lentamente la incomodidad se intensifica y se transforma en dolor. Percibo a mi corazón como un zumbido y el zumbido se transforma en un latido vigoroso, lo siento golpearme la clavícula. Duele más, sé que en cualquier momento una explosión ocurrirá ahí dentro y equivaldrá al dolor más penetrante de mi vida.
Cuando el dolor llega, suelto el aire. Sale por mi boca y nariz en forma de burbujas y, como un reflejo, comienzo a respirar: inhalo el agua, me llena los conductos nasales y baja por mi traquea, siento un dolor agudo que empieza a hacer metástasis en un lugar más profundo de mi cuerpo. Tiemblo... mis pulmones intentan devolver el agua y entonces... siento alivio. Esta vez no salen burbujas.
Tomo otra bocanada de agua y es delicioso, como respirar aire pero más refrescante, me quita una sed que no sabía que tenía. Mis fosas se destapan, mi garganta se hidrata, empiezo a experimentar una sensación de paz y sosiego y nado. Nado sintiendo el roce del agua como terciopelo seco. El azul marino me inunda los pulmones y mi cuerpo se comienza a curar de algo que no conozco. Estoy increíblemente viva. Comienzo a dar botes bajo el agua. Nado con habilidades que no sabía que tenía, puedo ondear mi cuerpo como un auténtico pez, mis manos y piernas se mueven coordinadamente. No quiero salir más del agua. 
¿Fui una sirena en algún lugar del tiempo? ¿qué tiene qué ver una cosa con la otra y en principio por qué veía ese ser en el agua? ¿ustedes han vivido algo igual?
Este post deja más preguntas que respuestas...



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