Volar en plena pandemia: ¿Por qué dejé España?

1:19 de la mañana. Estoy en mi cama escuchando "Thinking of a place" de "The war on drugs". Últimamente me siento vacía de emociones, de ideas. Como si no supiera escribir más. Olvidé cómo armar frases, no sé. Siento como si la vida no fuera ahora mismo. Estoy parada frente a ella esperando a que empiece. Me parece que los días que pasan son sobras de la vida, pedazos de tiempo que solo he usado para descansar y abrazar a mi familia. Pienso en lo raro que ha sido atravesar el mundo en plena pandemia y en un vuelo humanitario de diez horas que salió desde Madrid y me trajo a Bogotá después de cinco años de ausencia. 

Mi equipaje. En el aeropuerto Madrid-Barajas Adolfo Suárez.
Mi equipaje. En el aeropuerto Madrid-Barajas Adolfo Suárez.
La fila del vuelo humanitario Madrid-Bogotá. (Solo colombianos).
La fila del vuelo humanitario Madrid-Bogotá. (Solo colombianos).
La luz de mis ojos (Iris), una vez más cruzando océanos a mi lado.
La luz de mis ojos (Iris), una vez más cruzando océanos a mi lado.
Aterricé en Colombia el 17 de Agosto. Esta tierra (que antes me resultaba ajena) es ahora tan mía, tan bella, tan nueva. En las tiendas del barrio me dicen "veci" con dulzura, aunque no me conozcan. Los colombianos sabemos, como ninguna otra cultura, hacer sentir a los demás en familia con un solo gesto. En España aprendí a valorarlo: los españoles son mucho más distantes aunque nos ganen en otras cosas. Como todo. Con sus pros y sus contras. 
Sobre mi falta de ideas me tranquilizo pensando que a lo mejor el libro que escribí las drenó todas. Fueron 255 páginas (ni sé de dónde salieron). Las regurgité durante largas noches en España que duraban todo el día. Dormía periodos de dos horas y me levantaba a seguir escribiendo. Perdí la noción del tiempo, no tenía horarios de comidas ni de sueño y también perdí mucho peso.
Las páginas de ese libro estarán muy pronto rodando por el mundo y eso me llena de pánico porque un libro es una huella que no se puede borrar. Si un día me arrepiento de haberlo escrito y mando a quemar todas las copias, seguro sobrevivirá alguna en algún rincón del mundo y será mi mayor vergüenza o si tengo suerte mi mayor orgullo. Creo que nunca se está seguro de escribir algo. Nunca se sabe si es lo suficientemente bueno, y creo que cualquier artista que piense que lo que hace es lo suficientemente bueno, está muy lejos de ser bueno. Escribir es como desnudarse sin razón aparente frente a un montón de personas que no conoces, esperando a que ignoren tus defectos físicos y no pregunten el motivo y te aplaudan... y por supuesto eso no pasa en la mayoría de los casos:
Hace tres días entré a mi blog a ver la moderación de comentarios. Llevaba semanas sin entrar. El proyecto del libro no me dejaba escribir ni media palabra en otro lado (creo que tengo que crear contenido de manera más prolífica, pero por ahora no lo logro, lo siento). Más de la mitad de esos comentarios estaban llenos de insultos. En varios me llamaban fracasada por haber dejado España. Otros se reían de mí porque ya sabían que mi relación no iba a funcionar. Otros incluso me advertían que a la próxima me mataban. Que tengo suerte de seguir viva y no haber dado con un psicópata asesino. Luego de leerlos reflexioné un par de minutos... me inquieté. No por los comentarios, sino porque de hecho, mujeres que se han arriesgado a tomar desiciones importantes, a saltar al vacío o simplemente elegir confiar en un hombre, han salido muy mal paradas de ello e incluso muertas. Quienes lo dicen, no lo dicen de gratis, lo dicen porque ha sucedido antes... y mi pregunta es ¿lo correcto sería quedarnos estáticas? ¿no arriesgar nada con tal de evitar el fracaso? o ¿la muerte?...aventurarse a la vida, al mundo, de por sí no es algo fácil, pero el hecho de ser mujer te pone mucho peor las cosas.
Otro de los comentarios que más llamó mi atención decía "eres una fracasada, con la diferencia de que no eres Cortázar" y me quedé pensando que en efecto no, no soy Cortázar. Soy Margarita Be. Y aunque sea para llamarme fracasada ha sido un gran privilegio que mencionen a Cortázar en una misma frase junto a mi nombre ¡gracias!. Los comentarios así ya no me provocan nada, he recibido muchísimos desde que empecé a escribir en Internet y la verdad es que por cada comentario "terrible" que me dejan, recibo veinte preciosos y me siento feliz de decirlo. A veces una también se tiene que dar una palmadita en la espalda y felicitarse. 
Respecto a mi viaje a Europa solo quiero decir que ir a vivir a España fue algo que propulsó mis sueños. Me enfoqué durante nueve meses en mi libro. Siempre había soñado con escribir un libro pero no había tenido el tiempo para hacerlo. Mi ex y yo lo supimos desde un principio: nos queríamos alentar mutuamente a escribir, ese era nuestro objetivo principal y eso fue lo que pasó. Nuestro futuro como pareja era más bien una apuesta, estábamos jugando la lotería y nos cayó la Covid19 y la realidad, y la distancia de años y kilómetros que tenía con mi familia: una pandemia es algo surrealista y absurdo (todos lo sabemos de sobra) pero a parte de eso, vivirla lejos de quienes más amas maximiza todo a la tercera potencia.  
Estoy feliz de mis decisiones, si pudiera devolver el tiempo las volvería a tomar. A los que se ecandalizan les digo: No pasa nada: conocí un tercer continente, escribí un libro, dejé amigos maravillosos al otro lado del mundo, aprendí cosas que de no haber ido jamás hubiera aprendido. Yo no quería vivir más en Nueva York, estaba hastiada de la Capital del Mundo y a pesar de que España es un gran país, no pude verlo como mi hogar. Regresé a ver a mi familia a la cual no tenía cerca hacía cinco años y se siente como magia líquida en mis venas. Amigos, no se tomen la vida tan en serio. A la vida no hay sino que vivirla, sin esperar nada a cambio de ella. Lo que teníamos que recibir de ella ya nos fue dado: un cuerpo para movernos y la capacidad de elegir... somos libres ¿hay algo mejor que eso? 
Mi ex escribió un gran libro y yo hice lo mismo: unimos dos canales para crear un tercer ser. Dejé España justo cuando nuestros libros entraban en última fase.  También conocí a dos argentinas increíbles, a Peter Aliseda, a su maravillosa esposa y mi ahora gran amiga, May, y a su pequeño bebé que me recuerda a mi sobrino. Todos ellos fueron ángeles para mí. Me llenaron de atenciones, de apoyo. La decisión de irme fue muy personal y la tomé con total lucidez. Me quedo con maravillosas experiencias del Viejo Continente. Gracias amigos de España. Perdón a quienes no he respondido mensajes. Estoy totalmente enfocada en mi familia y en los cachetitos suaves de mi sobrino que conocí hace un mes y medio.
Por último quería decir que ¡sí! la pandemia es una pesadilla. Nadie puede negar eso. Sin embargo también es una bendición... este virus y la situación que ha provocado nos ha acercado a lo que realmente anhelaban nuestros corazones. Yo me he enfrentado a mis verdaderos deseos: volver a abrazar a mi familia, reconocer mi núcleo... descubrir de nuevo el amor enterrado en el sótano de mi corazón, sacarlo a la luz y volver a ser yo... y... qué rico se siente. 




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