El arte no puede ser solo bello


Que se jodan los life coach. Siempre sonriendo, pretendiendo que están muy bien. Creyendo que ya tienen solucionados todos sus miedos, trancas y traumas. Parecen de plástico y están más rotos que cualquiera. Ni siquiera pueden aceptar su propia mierda, quieren borrarla a toda costa, sentirse limpios como si se hubieran restregado un trapo con cloro en la piel y quitado las manchas del mundo. Juran tener la respuesta, la llave que nosotros, los pobres desgraciados, no encontramos para poder llevar las riendas de nuestra vida… por favor... ¡Si nadie sabe cómo llevar la vida!… estamos todos experimentado con nuestros días, lidiando con los demonios frenéticos, gigantes, feroces que nos quedaron de la infancia y nos atacan de vez en cuando por el día pero casi siempre en las noches cuando todo está oscuro y en silencio y nos llega el aire de la frustración, el fracaso y la miseria.

Hace tiempo conocí a un life coach. Al principio lo admiraba, lo veía como un hombre fuerte, potente, resiliente. Pero luego, cada vez que vi su risa forzada, que lo vi repudiar el dolor, la vergüenza… la realidad... incluso sugerirme no escribir ni publicar lo que me sucedía porque eran cosas desagradables, porque le avergonzaba que otros cometieran errores, porque se sentía mal por ellos como si su mano fuera la mismísima mano de Dios... cada vez que vi eso y su sonrisa intacta y rota, sin alegría en las pupilas, crecía en mí la certeza de que estaba enfermo, de que se negaba a sí mismo. Negaba su esencia, sus errores, su humanidad.
Decidí entonces que ni mi vida ni mi escritura serían nunca como ese hombre porque aquellas cosas que solo pretenden rescatar lo bello están muertas por dentro. El día que huí de él me repetí como un mantra: “huye de esos seres miserables y llenos de nada que pretenden hacerte creer que la perfección es posible. Huye de esos seres porque son insensatos y están más rotos que cualquiera, están más que rotos, están enfermos, están al borde de la psicopatía. Son los que un día sacan un arma y te disparan a la cabeza a sangre fría. Están muertos por dentro, son como la vagina de una Barbie. Y no te sientas culpable por dejarlos atrás. La única manera de vivir la vida es con todo lo que viene: con el dolor, la muerte, la fealdad, la desesperanza, el sexo, el éxtasis, la locura, el amor, esa es la vida real y mutilarla solo le resta significado. Si quieres vivir en un mundo de plástico y un día terminar suicidándote, entonces contrata un life coach, sonríe con él y pretende que estás limpiecita e indígnate por la falta de autocontrol y el sufrimiento de los demás cuando sonreír es tan fácil. Cástrate el dolor, la angustia, cástrate el vivir plenamente y termina con tu existencia como la planta ornamental, barata y falsa que eres... no mereces más nada cuando has escogido la manera más hueca y vacía de hacer arte y vivir la vida”

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