Entrada destacada

¿Sexo sin compromiso?: Carta para mi amigo con derechos

I Me llega un mensaje tuyo. Son las once de la noche: quieres verme. No voy a responder. Dejo el teléfono a un lado, ...

¿Vale la pena revivir un amor después de diez años?


I
Viernes 11 PM. Estoy aburrida. Pierdo el tiempo viendo hashtags en Instagram. Scrolleo imágenes sin parar hasta que, de la nada, sale una cara que me parece conocida: le doy click encima, se abre un perfil, lo reconozco de inmediato: es el niño con el que compartí un momento mágico a mis 17 años. Cómo olvidarlo. Lo analizo, observo sus publicaciones: su perfil está lleno de fotografías de Nueva York. ¿Estábamos viviendo en la misma ciudad?, ¿qué había pasado con él?. Decido seguirlo y ponerle like a varias de sus fotos. Unos segundos después se me acelera el corazón: leo un mensaje suyo en mi inbox. No lo puedo creer:

Hey...
Hey, what's up?
¿Cómo estás? jajaja es más fácil para mí en español
Pienso igual, muy bien ¿y tú?
Súper bien, mirando qué hacer, ¿qué haces hoy?

¿Me está invitando a salir? ¿recordará quién soy?

Estoy en mi casa relajándome, ¿hace cuánto que vives en Nueva York?— le pregunto
No vivo acá, estoy solo hasta el lunes y voy a Boston a casa de mi padre, pero vuelvo el 7, ¿tú hace cuánto vives acá?, ¿de dónde eres?
Vivo en Nueva York hace cuatro años, soy de Colombia
¿En serio? yo también soy de Colombia

Momento, ¿no me reconoce?

¿Sabes? creo que te conozco—, lanzo el arpón 
¿De dónde me conoces? me pregunta

Confirmado, no tiene ni puta idea 

Es una historia extraña, te vi una sola vez, pasamos juntos un día entero
¿Cómo así que pasamos juntos un día entero? ¿hace cuánto? ¿qué planes tienes mañana?
Fue hace muchos años, yo era una niña y tú también, y... no tengo planes mañana

Aparentemente yo era un recuerdo enterrado a diez mil metros de profundidad en el rincón más oscuro de su mente... lo cual la verdad no me molestaba ni me sorprendía dada la historia que teníamos detrás...

En verdad no entiendo nada, pero vayámonos mañana de fiesta, necesito Techno. Podemos vernos desde temprano si quieres, pero cuéntame cómo nos conocimos
Te cuento mañana, ¿sí? 
Sí dale. 

II

Nos encontramos en un Starbucks en Chelsea a las cinco de la tarde, yo llegué primero. Estaba muy tranquila buscando un enchufe para cargar mi teléfono. Dos minutos después entró él por la puerta y cruzamos miradas por primera vez después de diez años...

Caminó hacia mí y se sentó a mi lado. Sin saber por qué comencé a temblar. Lo primero que me preguntó fue porqué había decidido vivir en Nueva York. Le conté la historia y me respondió asombrado que también quería vivir aquí en algún momento de su vida. Luego, preguntó sobre nosotros:

Oye, ahora sí cuéntame ¿cómo nos conocimos?
Bueno, hablábamos por Facebook, pero nunca nos habíamos visto porque yo tenía un novio (mi primer novio) con el que llevaba unos meses. Un día me escribiste y coincidencialmente yo había terminado con él. Decidimos vernos y me recogiste a las siete de la mañana a la salida de la universidad (me salté todas las clases). Tomamos un taxi a tu casa y  me cocinaste desayuno: huevos revueltos con salchicha y de postre gelatina de fresa, estaba embelesada mirándote, nunca un hombre había cocinado para mí. Luego escuchamos música y bailamos muertos de la risa. Exhaustos nos recostamos en el sofá a hablar de nuestras vidas. Tu mamá había muerto y tu papá vivía en Estados Unidos. Tú venías de Manizales, yo de Pereira. Tú estudiabas derecho pero lo odiabas, yo estudiaba periodismo porque mi familia no me había apoyado con la literatura. 

Luego nos acurrucamos bajo una cobija y vi tu piel brillar bajo una luz neón: era el efecto de los rayos del sol atravesando la tela amarilla que nos cubría. Fue un acercamiento inocente y dulce: sonreías con naturalidad. Me pareciste sereno, auténtico, sencillo. Nos acercamos y depositaste un pequeño beso sobre mis labios. Seguimos escuchando música hasta que recordé que me tenía que ir. Eran las doce del mediodía: te dije que me esperaban en la casa y llamamos un taxi. Antes de subirme yo te di otro beso: uno más largo y nostálgico... y me fui. 

Mi ex me había escrito decenas de mensajes. Lo ignoré. En casa no dejaba de pensarte: me llamaste, me dijiste que me extrañabas, que debería volver. Tomé otro taxi y escapé otra vez a tus brazos sin pensar en nada. De algún lado salió una botella de vodka y nos pusimos a tomar como si nos pagaran por eso. Escuchamos canciones de rock en español, yo brincando sobre tu cama y tú feliz sin pensar en la suerte del colchón. Luego nos recostamos cara a cara y nos dimos tantos besos como nos lo permitió la borrachera hasta quedarnos dormidos. Me fui de tu casa a las cinco de la mañana tras contestar una llamada de mi mamá que amenazaba con matarme.

La tarde siguiente estaba castigada sin poder salir. Mi ex llamó y me confesó su dolor por haberme perdido. Allí la confusión me pegó en el estómago dejándome sin aire e impidiendo el paso de oxígeno a mi cerebro: no podía pensar claramente. Luego tú me llamaste:

¿Cómo estás?
Bien, aunque mi mamá me quiere matar
Lo siento, no sé cómo nos quedamos dormidos, de hecho vomité en el ascensor 
No te preocupes, ¿en serio? ¿cómo te sientes?
Estoy mejor
Vale, me alegra
Oye... pero...  ¿tú y yo entonces qué?

Mi corazón dio un brinco

Estoy muy confundida... por mi ex novio te confesé
Pues termina con eso y ya, ¿no?

Me quedé en silencio

Quiero que seas mi novia—, agregaste
No lo sé... no es tan fácil te dije 

Esta vez fuiste tú quien hizo silencio... estabas molesto 

Ok, tengo algo que hacer, hablamos luego.

Colgaste.

Me eliminaste de Facebook y Messenger. Yo regresé con mi ex y desaparecimos uno de la vida del otro para siempre... o eso pensé.


III

Volví a la realidad.                                                                           


Lo miré, estaba esperando a que le contara la historia.

Me hubiera gustado contársela, pero no lo hice. Improvisé una versión más plana y aburrida. Prescindí de muchos detalles, algo dentro de mí me decía que era lo mejor...

Me miró con cara de no recordar nada y se encogió de hombros, luego subió la pierna a la silla: se había golpeado la canilla de camino al Starbucks y quería mostrarme su raspón como si fuera un niño. Recordé su esencia: eso era lo que amaba de él: su meimportaunculoloquepiensesdemí. Toca, me dijo. Toqué su piel y su luz se me metió a través de las huellas dactilares. Su naturalidad, sus expresiones y el dinamismo de sus movimientos me llenaban de energía. Seguía teniendo esa dulzura impresa en el alma que se le salía por los ojos, y yo la celebraba con la emoción de mil fuegos artificiales explotando en el cielo. Era el de hacía diez años. Su sonrisa, su mirada, la contextura de su cuerpo: todo seguía igual, incluso tenía el mismo corte de cabello con el que lo conocí.

Mi intención era hablar un rato, saber de su vida... no pretendía verlo como más que a un viejo amigo... pero la química fue inmediata: lo había sido hacía diez años y lo era ahora. Caminamos tomados de la mano por Downtown Manhattan, me sentía en casa a su lado. Era como si trajera un poquito de Colombia impregnado en su aura y yo pudiera sentir mi antigua inocencia estando cerca suyo.

Luego nos fuimos a la fiesta de Techno en Brooklyn. Era en un bar oscuro y alucinante como una cueva de mandrágoras en medio del bosque. Había gente bailando con los ojos cerrados y los cuerpos bañados en sudor.

Varias drogas aparecieron ante mis ojos: Éxtasis, Molly, Cocaína. Un montón de cosas extremas que jamás se me había ocurrido meterme. Él las consumió todas. Yo  no había probado ninguna y no tenía intención de hacerlo, pero accedí a comerme un polvo blanco: metíamos el dedo ensalivado en un sobre transparente, lo sacábamos y lo lamíamos: me sentó de maravilla. Estaba felicísima. De por sí me encanta sonreír, pero con este polvo sonreía cien veces más. Me sentía como un grano de arena arrastrado por un mar de notas musicales.

De pronto, la cueva se transformó en paraíso: la emoción y los brazos de mi renovado amor de diez años me recorrían los brazos, la espalda, el cuello. Mucho gusto, Margarita Bedoya, le dije apretándole la mano y mirándolo fijamente. Se quedó petrificado: ¡ya sé!, ¡ya recordé!, ya sé quién eres dijo agitado... luego puso sus manos sobre mis mejillas y besó mis labios... en ese beso cupo la alegría misma y todos los orgasmos que ha visto la humanidad. Nuestras lenguas se fusionaron, nuestra saliva se inundó de ondas electromagnéticas: podía ver las chispas saliendo de nuestras bocas. Sentí que sus besos bajaban por mi garganta hasta mi pecho, rozando la delicada piel que recubre mi corazón.

IV

Bebé, después de la fiesta vamos a hacer el amor toda la mañana me dijo tras separar nuestros labios

No respondí, me quedé tiesa

Cuando me piden algo que no quiero hacer me quedo en shock porque extrañamente no puedo mentir. Mi mente y mi subconsciente se enfrentan, pelean a muerte y mientras espero al ganador me quedo en blanco, atontada, como si acabara de recibir la descarga de un rayo láser directo en los ojos.

No quería traerlo a mi casa porque no tenía comida en la nevera (ya sé que suena ridículo) hace un tiempo que compro todo lo que como porque estoy tan cansada que no quiero cocinar... Quería atenderlo de la mejor forma posible, mostrarle una buena cara de mi hogar y definitivamente ese no era el día. Sin embargo insistió tanto que terminamos llegando a la cueva anaranjada a las siete de la mañana: él se había comido un éxtasis antes de irnos, así que su nivel de locura crecía exponencialmente dejándome a mí sobria, en la tierra.

Allí fue cuando el Dios de las casualidades empezó a hacer lo suyo. Revisé mi celular y, sorpresa, tenía un mensaje horrendo: mi tarjeta de banco estaba bloqueada por fraude: un robo de $250 dólares, supongo que hice muy mala cara. Me preguntó qué me pasaba y me quedé callada. No le dije nada. Entonces empezó a llamar a una "amiga", le preguntó con cuántos se había metido la noche anterior y si lo había pensando, creo que estaba tan drogado que se olvidó de que yo estaba al lado suyo.

V

Nos acostamos en la cama, me empezó a besar y trató de meterme la mano. Lo detuve, le dije que no quería. En realidad estaba agotada. Afortunadamente lo entendió y se acostó a mi lado. Cerré los ojos y comencé a quedarme dormida... hasta que, me despertó un sonido: ¿era música?, sí, la había puesto en el celular. No le dije nada, traté de ignorar el sonido y seguir durmiendo.

Al rato me volví a despertar: ya no era música, esta vez era su voz: hablaba tan clara y elocuentemente que creí que estaba en una llamada telefónica. Pero no, estaba dormido: jamás vi a un dormido con tanto talento para la narración, estaba muy sorprendida. Le besé la mejilla y le acaricié el cabello con la esperanza de que pudiera descansar un poco. El efecto de las drogas lo mantenía despierto aunque tratara de dormir, entendí que sin sexo era imposible que se cansara lo suficiente, pero, ¿cómo me lo iba a follar así, sin sus cincos sentidos, después de diez años? deduje que no era la mejor manera. Nada parecía estar bien en ese momento. 

Al cabo de un rato se despertó de nuevo y me pidió que nos bañáramos juntos. Aunque no había dormido nada accedí. Nos bañamos con agua súper caliente. Así me gusta, me dijo. Me lo tomé normal: le puse un exfoliante en el cuerpo, me dijo que olía a vieja, nos reímos. Luego se salió de la ducha y yo salí después. Se vistió y dijo que se iba. Asentí, me puse un pijama porque lo único que quería era dormir, me importó un soberano rábano que se fuera: lo dejé ir y ya. Ni siquiera lo acompañé al tren, solo quería tirarme a la cama.

Luego, cuando desperté a las cuatro de la tarde, me sentí como una mierda: era el peor ser humano del planeta por haberlo dejado ir así... sin embargo no sé si era un efecto secundario del polvo que me había comido...

Tuvieron que pasar diez años para que llegara este momento y todo terminó de esta manera... no sé porqué cada vez que lo veo (dos veces en diez años) termino sintiéndome culpable, como si le debiera algo. ¿Será que lo volveré a  ver cuando cumpla 37? Algo dentro de mí me dice que he vivido mil vidas con él pero no recuerdo ninguna...

No hemos vuelto a hablar.

Hace diez años, cuando escribía como retrasada. (Soy el azul)

En mi defensa diré que estaba de moda abreviar. 



PS: Esta puede ser una historia ficticia basada en hechos reales o una historia real basada en hechos ficticios.
PS2: Como siempre, la maravillosa ilustración de este texto por: Henn Kim.
¿TE GUSTÓ?¡COMPÁRTELO!:
Leer Artículo AnteriorEntrada más reciente Leer Artículo SiguienteEntrada antigua Página principal

4 comentarios:

  1. Tienes esa magia que hace que mi mente recree cada oración que leo. Eres mágica y tan única!

    ResponderEliminar
  2. Ya le dije a tu hermana q me gustas con solo leerte 🤣🤣🤣

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¿Que te gusto? jajaja... la verdad para mí es un honor que te guste lo que escribo, más que te guste quién soy.

      Eliminar

IM: @margaritabeblog