Tres cosas que aprendí a los veintisiete

Pintura: Diego Fernando Céspedes. Edición: Margarita B.

Cuando era niña, veía a la gente de veintisiete años tan vieja... adultos hechos y derechos,  cabezas de hogar a cargo de empresas y familias, con impuestos pagados, casas compradas y la vida arreglada. Pero llegué hasta aquí y qué equivocada estaba... 

Soy la misma de los veintitrés, de los quince, de los cinco. Pero con rasgos faciales más marcados. Tengo un toque amaderado en mi expresión aunque porto la misma alma. Sigo volada, sensible, solitaria, llevo una justa dosis de entendimiento emocional conmigo, y no sé casi nada sobre la vida, como todos los seres del planeta. A mí no me vengan con mentiras. Ya sé que nadie tiene ni idea de por qué está aquí. Porque para empezar no sabemos ni quién nos creó ni por qué. Hay miles de teorías al respecto. Todas válidas y perfectamente posibles. Pero mi raciocinio me impide entregarme a alguna al cien por ciento porque no conozco a nadie que haya regresado de la muerte para ayudarme a verificar nada...

Han pasado cuatro años desde que escribí Cuatro cosas que aprendí a los veintitrés. Mi estado anímico y espiritual  en ese momento era de lo más equilibrado y limpio. Siempre he tratado de cultivar luz en mi interior y plantar luz en los demás, aunque hoy en día muchas veces soy un cúmulo de sombras...

En esa época (como ahora), intentaba ser la mejor versión de mí misma y me costaba reconocer mi vulnerabilidad, mi imperfección. Sorpresivamente aquí en Nueva York conocí muchísimas personas iguales, que se incomodaban si hablábamos de un tema no tan bello, o que al leer este mismo blog y mis experiencias (buenas y no tan buenas) me juzgaban por querer mostrar la realidad y no adornarla con florecitas y guirnaldas. Estuve confundida por mucho tiempo, hasta que comprendí que la mejor forma de crear lazos profundos y verdaderos con alguien (en este caso ustedes que me leen) es exponiendo tu vulnerabilidad.

Acepté que sigo siendo humana. Soy la mezcla entre el cielo y el infierno y dentro de mí hay batallas entre ángeles y demonios a las que llamo emociones. Por eso, la primera verdad que abracé en estos cuatro años es que no somos perfectos. Nadie lo es, y está bien. Tal vez digan que descubrí que el agua moja, y tienen razón. Pero una cosa es saber que no somos perfectos, y otra, experimentarlo, asimilarlo. Darte cuenta de que te queda tanto por aprender... de que eres un pobre niño mocoso jugando a ser sabio, jugando a entender la vida, jugando a no cometer errores. 

Eres imperfecto, yo soy imperfecta, y a veces me he acurrucado bajo mis cobijas a llorar por incertidumbre, por falta de amor, por falta de ideas, por la cagada que cometí el día anterior y de la que me arrepiento terriblemente. Porque tomé pésimas decisiones o porque simplemente no sé hacia dónde va mi vida. Tengo miles de fallas, mi personalidad está plagada de miedos y traumas de niñez. 

Digo que no soy perfecta y tú tampoco lo eres, no para hacerte sentir mal, o para causarte depresión, sino todo lo contrario: para descargarte y recordarte que no estás obligado a cargar con el peso de la perfección. Cualquier humano que pretenda ser perfecto, en verdad se está negando a su humanidad. 
                                                                          
En Instagram y redes sociales en general veo personas tan... no sé cómo expresarlo, antinaturales digamos. Tantos han deformado su cuerpo física y digitalmente para terminar deformando la realidad y la mente de quienes observan...  gracias a eso tenemos aspiraciones irreales y el concepto de belleza (al menos el femenino) ha llegado a un punto de exigencia máxima. Queremos parejas perfectas, que al mas mínimo error son desechadas como basura. Están de moda las expectativas inalcanzables.

La ilusión de la perfección nos endulzó el oído, y es difícil ignorarla... lo único que puedo hacer al respecto por ahora, es recordarles y recordarme que es solo eso. Una ilusión... la humanidad es bella porque crece, se corrige, aprende, mejora... no porque es perfecta. 

Y hablando de ilusiones, tal vez la más peligrosa de ellas es la de creernos superiores. Siempre hemos tendido a otorgarle valor a otros a partir de lo que poseen, de lo que usan, de cómo lucen... Pero eso no es real. Nadie es mejor que nadie. Absolutamente nadie es mejor que tú ni que yo. Estamos todos hechos de lo mismo: la misma carne, la misma sangre, los mismos huesos. Nuestros cuerpos se mueven de igual manera, duelen igual, ríen igual, lloran igual. Nos une nuestra humanidad.

No somos iguales en cuanto a cualidades, a veces incluso genéticas. Pero el hecho de haber llegado a esta tierra de la misma forma nos hace homólogos. Por eso, como trates al otro reflejará directamente la manera en que te tratas a ti, y por ello, nunca permitas que alguien te diga o te haga sentir que eres inferior. 

Cuando trabajé en Dior en la Avenida Madison, me sentí inferior por primera vez en mi vida. Sentía que era menos de alguna manera. Todos eran tan blancos, tan ricos y estirados y altos. La energía que me transmitían era esa: la forma en que me miraban y me evitaban y sentían una lástima ¨tierna¨ por mi nacionalidad, mi idioma y mi aspecto.

Luego, cuando me cansé y los mandé a la mierda e hice mi vida, me di cuenta de que solo era una apreciación, una ILUSIÓN creada por ellos, por mi mente, por la situación y las circunstancias tal vez. Darle relevancia o no, era mi decisión. Al final rompí sus esquemas, los dejé ahí hablándole a la pared, los ignoré y me alejé. El poder que alguien tiene sobre ti, lo puedes otorgar solamente tú. Las personas te usan hasta donde tú se los permites...

Recuerda que nos cubre el mismo sol, nos baña la misma agua, nos ilumina la misma luna. Es cierto que algunas culturas han evolucionado de forma más acelerada (según lo que se entienda por evolución) es cierto que algunos humanos hasta ahora han llegado más lejos en cuanto a tecnología, infraestructura y orden social. Pero seguimos estando en el mismo plano físico y espiritual. Y el porqué es muy simple: la vida es un centro de aprendizaje, un campo de entrenamiento. No importa que seas un chamán o que tengas dones otorgados por el más allá. Eres un humano que nació de una mujer gritando, llegaste bañado en sangre y líquido amniótico y estás aquí para aprender lo mismo que yo. TENEMOS EL MISMO VALOR.

A partir de vivencias como la de Dior y relaciones interpersonales que desee con todas mis fuerzas pero no pude concretar, lo siguiente que aprendí es que no puedo controlar las situaciones. El control es otra ilusión. De hecho, tengo que confesar que escribí esto para calmarme a mí misma. (Me enamoré de la única manera en que yo podía enamorarme: como una loca. Como una maniática emocional, totalmente dispuesta a crear situaciones que se salieran de mis manos para repetir el patrón de mi fracaso, solo porque él no se enamoró...)

Hay una gran frase que dice que la suerte no existe y de hecho llega cuando la preparación y la oportunidad se encuentran. En determinada circunstancia, actuarás de determinada manera. Y la manera en la que actúas viene directamente de la experiencia que has acumulado. Si tus vivencias aún no te han mostrado la verdad sobre algo, entonces, aunque llegue la oportunidad, pasará de largo ante tus ojos. 

Las cosas no salen como quieres, porque aún no estás listo para desenvolverte de la manera requerida, y por lo tanto, no estás listo para recibir lo que quieres. De hecho, podemos crear circunstancias, pero jamás podremos controlar el comportamiento de los protagonistas. Por lo tanto, aunque podamos tomar decisiones, jamás controlaremos el desenlace. Somos parte de la situación, estamos inmersos en ella. Es como si en una receta, un ingrediente quisiera terminar la preparación. No lo puede hacer. Solo quien cocina y está al margen, (afuera de la receta), puede controlarla. No has creado tú el ritmo, ni el tiempo, ni comprendes totalmente el propósito de fondo que una buena o ¨mala¨ experiencia traerá consigo.

Eres un pez entre las olas. Apenas un pez, y las olas son inmensas. Las olas ya estaban allí cuando naciste. Ya todo estaba dado. Así que respira, nunca nada ha estado bajo tu control (excepto tus decisiones, que estaban guiadas por tu mucha y/o generalmente poca experiencia).

No sufrir o castigarte por lo que sea que pase es siempre lo más justo. Eres pequeñísimo y está bien. No puedes ser Dios cuando eres humano. No te lastimes con el pasado... Esa era la única forma en la que podía haber sucedido: las condiciones, la experiencia, y las circunstancias estaban dadas como una receta perfecta e infalible para tu aprendizaje...

Necesitaba recordarme a mí misma estas lecciones, porque me he castigado estos días, me he lamentado... necesitaba recordar quién soy y sobretodo recordar que para sobrellevar la vida, nos hemos inventado un montón de ilusiones... Pero afortunadamente, este plano tiene caducidad y cuando recuerdas eso constantemente, la venda cae, las ilusiones se desvanecen y lo verdaderamente valioso vuelve a tocar tus ojos. 

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8 comentarios:

  1. Me encantó, eres simplemente mk escritora preferida.

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  2. Me encantó, eres simplemente mi escritora preferida.

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    1. No sabes el honor que es saber que soy tu escritora preferida. Gracias...

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  3. Puedo criticar cosas que no me sorprenden. Pero en definitiva, me identifico y... creo que este país te puede frustrar mucho más, creo que la entiendo aunque diría algo como... trata de escribir lo opuesto a lo que has escrito, podría ser más lindo y menos sombrío ������

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    1. Gracias por tu comentario. Me alegra mucho que te identifiques. Respecto a lo de tratar de escribir lo opuesto, te voy a citar un trocito de uno de mis posts anteriores:

      "La forma en la que escribo, es la única forma posible en que puedo escribir. No sé cómo explicarlo bien, pero la escritura es algo MUY personal. En mi caso, cada frase fluye exactamente como mi esencia: el orden de las palabras, las expresiones que utilizo, todo esto compone mi voz. Me compone a mí. Y cambiarlo por lo que alguien más sugiere que debería decir, sería engañarme y engañarlos a ustedes.

      "Mejorar ciertas cosas” reemplazarlas por algo más “técnico” más "apropiado" más "bello" más "inteligente" sería cometer un suicidio"... Un abrazo.

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  4. Es increíblemente cierto todo lo que escribes !! Lo ame.. gracias 😊

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    1. Gracias por escribir esto tan lindo, es muy importante para mí <3

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IM: @margaritabeblog