Me amenazaron por escribir: Desafíos de ser blogger


Imagina que estás en un auditorio dando un discurso ante miles de personas. Muchas te miran incrédulas, algunas se ríen, otras bostezan… de repente te das cuenta de que todas están vestidas excepto tú. Pues sí... así se siente ser blogger. 

Lidiar con las consecuencias

No sé si ya has leído la primera parte de mi historia en Nueva York. El caso es que en ella hablo de un jefe que tuve mientras trabajé en una floristería. Cuento cómo nos hacía trabajar más de ocho horas de pie, además de no pagar extra por trabajar hasta incluso la una de la madrugada…

Pues hace unos meses me lo encontré... (fui hasta el lugar a reunirme con otro excompañero de trabajo) en cuanto lo vi se puso muy eufórico: me dijo que leyó un “mal riview” sobre él y su negocio en mi blog. Le dije que no era un "mal review" sino la verdad. 

Respondió de mala manera que todo era culpa mía porque no tenía permiso para trabajar (por mi status de turista en ese momento) ¿cómo podía pagarme más? Si yo “no estaba empapelada”… dijo que siempre estaba drogada trabajando. Sonreí y le dije que me daba mucha lástima que hubiera albergado todo ese rencor por tanto tiempo.

Me di media vuelta y me alejé. Ahí empezó a gritarme que ojalá siguiera escribiendo "mierda" e iba a ver lo que él podía hacer. Yo le respondí que por supuesto que voy a seguir escribiendo mucha “mierda” en mi blog. 

Los comienzos de un Bloggero: El síndrome del auditorio vacío



Eres la única persona desnuda en ese auditorio que se empieza a vaciar poco a poco. A nadie le importa tu historia. Intentas hablar más fuerte, pero siguen saliendo: te desesperas. Finalmente, no queda nadie en el público (o digamos que tu mamá) pero por lo demás, nada. En ese punto la mayoría de los escritores virtuales se dan por vencidos…

Para compartir tu intimidad a través de las letras, necesitas tanta valentía como perseverancia. Al principio a todo el mundo le importa una mierda, pasan por alto la publicación, o incluso la leen por puro morbo, luego la cierran a la mitad: creen que eres muy aburrido, o muy cursi.

A veces algunos se quedan con la única intención de decirte lo mucho que necesitas mejorar, y se van. Te sientes un poco utilizado y manoseado, aunque nadie te haya pedido que escribieras nada.

Es el precio que pagas por abrirte y lanzarte al agua.

Descubrir tu estilo e ignorar lo destructivo 

Al principio (empecé con mi blog hace seis años, así que al principio podrían ser los primeros dos) varias personas me preguntaron y “sugirieron” cosas sobre mi blog:

“¿lo haces por pura catarsis? ¡Creo que la letra es muy fea! ¡Qué título tan raro, ¿Universo Excéntrico? ¿Es porque eres una excéntrica?, ¡Acabo de leer tu blog y fue como estar desnudo en una camilla de cirujano, qué incómodo! ¡Leí tu post y dice un montón de cosas horribles!...


Recuerdo mucho a un conocido que me escribió para saludarme hace tiempo: "Hola Margarita ¿cómo va tu vida?", luego me preguntó por mi blog. Honestamente no acostumbro hacer preguntas sobre lo que escribo, a nadie le pregunto si le gusta o no, o qué piensa al respecto. De hecho hablo del blog cuando la otra persona es quien toca el tema.

"Por ahí te leí" me dijo. Entonces cometí el error de preguntarle “¿y qué tal?”, me respondió “no está mal, pero no me gusta y tampoco me gusta cómo lo haces". Le di las gracias por su apreciación y le respondí que “no puedo hacerlo de otra manera aunque lo intente”.


Cuando publicas algo, lo primero que la gente cree es que hacerlo fue ¡súper fácil!, y lo segundo: que publicas porque necesitas correcciones… La verdad es que, si yo quisiera correcciones sobre lo que publico, ni siquiera lo publicaría. Tendría un borrador y se lo enviaría a las personas de las cuáles quiero una opinión mucho antes de publicarlo.


Y por supuesto tengo muy claro que mi escritura podría ser muuuucho mejor, que si tal vez un corrector de estilo profesional me leyera, destruiría mi texto. Pero no me interesa corregir mis textos, no porque me considere perfecta, sino porque la forma en la que escribo, es la única forma posible en que puedo escribir.


No sé cómo explicarlo bien, pero la escritura es algo MUY personal. En mi caso, cada frase fluye exactamente como mi esencia: el orden de las palabras, las expresiones que utilizo, todo esto compone mi voz. Me compone a mí. Y cambiarlo por lo que alguien más sugiere que debería decir, sería engañarme y engañarlos a ustedes.


"Mejorar ciertas cosas” reemplazarlas por algo más “técnico” más "apropiado" más "bello" más "inteligente" sería cometer un suicidio.

Y sobre "lo fácil" que es hacerlo, puedo decir que esta página por ejemplo, fue corregida unas cien veces cómo mínimo. Y no estoy exagerando. Los que escribimos sabemos el esfuerzo tan grande que representa:

Son horas, incluso días, solo en casa, leyendo y releyendo el mismo texto.  Corrigiendo una y otra vez lo que ya estaba "corregido". Y como si eso fuera poco, luego hay que arrancarse la vergüenza, las corazas y los miedos para poder publicarlo. 

Luchar por mantener tu "voz"

Lo más valioso que tenemos los que creamos a base de letras, es nuestra voz. En escritura se le llama "voz" al estilo, al ritmo, a la esencia del escritor. No puede haber dos voces iguales, porque todos somos únicos. Por eso cuando escribes no sirve de nada copiarse o comprarle tus textos a alguien.

(Nota: Tomo lo siguiente como ejemplo solamente para hablar del estilo, esa persona es muy querida y le agradezco muchísimo el haber pensado en mí).

Otra persona a quien conozco muy poco (y sabe que me gusta escribir) me dijo que tenía un trabajo para mí como escritora. Le dije  "suena genial" ¿de qué se trata? (siempre estoy abierta a las posibilidades), me envió un link:

Solamente con verlo supe que era el blog de alguien más, la dirección web era el nombre de una mujer. Arriba estaba su firma, y decía "sitio web en construcción".

Era una ex reina de belleza. Me dijo que quería gente para escribir en su blog sobre "belleza, alimentación y fashion". Y bueno, entiendo que nunca hayan leído mi contenido, mucha gente que me conoce aún no sabe que tengo este sitio web, no tengo problemas con eso. No soy tan interesante, mucho menos famosa. Pero pienso, desde mi perspectiva como creadora de contenido, que si creas algo bajo tu firma y luego buscas a alguien que escriba por ti, les estás mintiendo a las personas. 

Por otra parte, ese blog es uno de los tantos miles que se hacen para hablar de belleza y recetas de cocina con el mero propósito de ganar seguidores (y no tengo nada en contra) pero de verdad siento que no hay nada de arte, ni corazón en ello…

Cuesta mucho encontrarte como escritor (literalmente toma años) como para estar confundiendo tus letras, tu camino, tu energía y tus demonios con los de alguien más…

Sobre el incidente en la floristería...



Estuve pensando por meses si debería escribir o no del tema, no sabía cómo abordarlo, o si iba a ser peor seguir hablando al respecto. Pero tenía que hacerlo porque de lo contrario estaría cometiendo autosensura.

A este punto de mi vida, no cambiaría en NADA lo que escribí en la primera parte, pero sí le agregaría el detalle de que él organizó una despedida para mí antes de irme a Colombia. Por ese gesto estoy muy agradecida. 


Nunca he considerado ni por un segundo publicar el nombre de la floristería porque jamás he escrito por venganza o con intención de destruir. Sino porque aprendí a decir la verdad, como ser humano y como periodista. Quería ser muy honesta sobre mi experiencia y ese ha sido mi único objetivo desde que empecé a hablar sobre Nueva York. 


Sin embargo, cosas como esa te desmotivan, o digamos te desmotivan y motivan al mismo tiempo. Te planteas si quieres seguir escribiendo, es inevitable, pero también descubres el impacto tan grande que pueden tener tus palabras.

Luego concluí que cuando llegas a ese punto es porque tal vez (solo tal vez), estás haciendo algo increíblemente bien. Porque tus escritos se están convirtiendo en instrumentos de poder… desafortunadamente para él, ese post fue leído por más de setenta y nueve mil personas.

Superar el auditorio vacío

Curiosamente por estos días, varias personas que han querido crear un blog me han preguntado cómo deberían iniciar para poder tener éxito y la verdad es que no lo sé (yo aún no sé si tengo éxito) lo que sí puedo decir es que me he mantenido, y para mantenerte hay que seguir a toda costa, aunque no tengas ánimo y todos te digan que lo que haces no tiene futuro y les da pena ajena.

Cuando te das cuenta de que en verdad no importa si el auditorio está lleno o vacío y sigues con tu discurso, la gente empieza a volver poco a poco.


Se requiere de muchas agallas, muchos huevos, cojones (como lo quieras llamar) para seguir escribiendo después de que no tuviste éxito y recibiste malas críticas. Lo que me pasó a mí, es que descubrí que aunque fuera una perdedora simplemente no podía parar de escribir. No me importa qué saliera de eso o qué obtuviera a cambio. 

Abrirte también es clave: Siempre ábrete más y más aunque te sientas mojado y desnudo, aunque tu mente grite avergonzada que pares... Mientras más vergüenza te dé escribir sobre algo, más puro y natural es tu texto. Es como una batalla contra ti mismo en la que debe ganar tu “yo verdadero”.

Diría que eso más un par de toneladas de paciencia deberían rendir frutos, pero tal vez estoy mintiendo: a veces creo que el requisito esencial nace en el alma: es como una necesidad, una urgencia, una obsesión… es como que si no escribes te puedes enfermar gravemente (no estoy exagerando).

Solo tú sabes si eres uno de esos seres que sacrifican su tiempo libre para quedarse en casa a pelear con sus ideas. Que se desgarran el corazón y el cerebro sobre el teclado mientras piensan si están perdiendo el tiempo o haciendo algo grande. Nunca se sabe, pero igual no pueden parar de hacerlo…  

Gracias por leerme amigos...
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