Un año en Nueva York: De turista a inmigrante


Parte 3.

Si hubo algo que critiqué antes, era a la gente que dejaba Colombia (mi maravilloso país) lleno de calidez, aire fresco y tranquilidad, por venir a lamerle el culo a los gringos que tenían jodido al mundo. Irónicamente yo lo repetía al pie de la letra: cambié el hacer lo que amaba, el vivir tranquila, cerca de mi familia y amigos por halar bolsas de basura y limpiar huellas de una vitrina que ya estaba limpia, bien Margarita has tomado la decisión más inteligente de tu vida. 

(Nota: ¿Llegaste a mi blog a través de éste post? debes saber que ésta es la continuación de mi historia. Lo que quiere decir que hay dos partes más escritas previamente. Si aún no las has leído da click aquí para leer la primera o click aquí para leer la segunda. Si ya lo hiciste, puedes estirar tus piernas, acomodarte y continuar conmigo éste viaje. Gracias a ti que me lees.)

Diorissimo
Era una orgullosa cajera de Supermercado en Astoria, pero la llamada de Soraya, que me ofrecía tiempo completo en Manhattan (Christian Dior  para ser exactos) me dañó la cabeza.

-¿Don Frank?
-Con él habla
-¿Cómo está? Habla con Margarita... qué pena Don Frank, ehh… no puedo seguir trabajando en el supermercado
-¿¡Qué!? ¿Desde cuándo?
-Desde hoy…

No tengo idea de quién me cubrió ese día, mucho menos cuánto se demoraron en encontrarme reemplazo. Tiré el trabajo a la caneca sin previo aviso, después de todo, en Dior me pagaban más por cada hora ¡welcome to New York! Ninguna persona es indispensable, ningún trabajo es irremplazable.

Dior de la Ave. Madison
Llegué  a la tienda a las 9 de la mañana y me hicieron poner un camisón gris que parecía un costal. Luego me explicaron lo que tenía que hacer. Según Soraya, lo mismo que hacía  en Chanel:

-Usted se acerca, ofrece las bebidas a los clientes, limpia las huellas de las vitrinas y saca las bolsas de las oficinas. El horario es de diez a seis-

Dior tenía el piso en mármol (o un material blanco resbaladizo), había una pared de unos cinco metros llena de pantallas que formaban una sola imagen: podías verlas mientras subías la escalera de caracol. Cada sección tenía muebles muy elegantes con bordados en piedras o extra modernistas y repisas de cristal que hacían parecer los bolsos como flotando en el aire.

Repartidas por toda la tienda, había cuatro oficinas que se confundían con la pared como si fueran pasadizos secretos. Dentro de ellas, podías encontrar champaña rosada,  agua, sodas, coñác, vasos de todas formas y tamaños, y vajillas incompletas. Los utensilios eran de marcas comunes, nada especial, muy diferente a Chanel, donde tenían cucharas de plata y todo era traído de Europa, incluso el agua (se llama Evian si la quieren probar y es sacada de los mismísimos Alpes franceses.)

Parte de la Sección Femenina de Dior 
La tienda visitada por Charlize Theron, Jennifer López y Angelina Jolie, contaba con una cocina ubicada en el sótano, cabían con dificultad una nevera vieja y un comedor  para unas cuatro personas, o a veces seis (bien acomodadas). Al frente de la cocina estaban los casilleros  y la bodega abarrotada de cajas que no se sabía muy bien qué contenían.

Me designaron trabajar con otra mujer de unos cuarenta y tantos de República Dominicana. Con ella y otras dos de la mañana, nos metimos en una oficina:

-¡Vamos a prometer que ninguna va a contar esto!-
-Igual ya estamos todas untadas-

Y nos tomamos una botella entera de champaña rosada (las oficinas, eran los únicos lugares que no tenían cámaras).

*Una cosa que aprendí con ellas fue esta especie de “vocabulario” que se creó en la cultura hispana residente en USA a partir de palabras en inglés (anglicismos) usadas para que los hispanos en general nos entendamos (lo que pasa es que en los países de habla hispana varía mucho la forma de llamar la misma cosa) entonces, se utilizan palabras como “lunchar” que quiere decir “almorzar” y viene de la palabra “lunch”. “Lockear” cuando cierras una puerta con seguro “dejaste loqueada la puerta?” y viene de “lock” obviamente. El “mapo” (o trapero en Colombia), es el implemento de aseo que se utiliza para fregar el piso, también tiene su verbo: “mapear” y viene de la palabra “mop”… ¡y así hay muchísimas!

Sin latino no hay Estados Unidos
Sobre el mantenimiento de Dior, los rollos de papel higiénico había que botarlos a la basura cuando iban a la mitad y una vez puesto el nuevo rollo, debíamos doblarle la punta en forma de triángulo y aplicarle perfume Lady Dior para que los magnates que entraran, salieran con las nalgas oliendo a flores. Además, debíamos encender una vela aromática, limpiar las pequeñísimas gotas de agua que quedaban al lado del lavamanos y esparcir un poco más de perfume en el aire.

Aproximadamente el 95% de los empleados de Dior eran americanos. Americanos muy rubios y elegantes, también muy silenciosos. El otro 5% correspondía a los encargados de la limpieza (mayormente hispanos) y los guardias de seguridad que se paraban en las puertas: todos negros provenientes de África o República Dominicana.

Durante mi segundo día, mientras caminaba desde la sección de ropa femenina hasta el baño, uno de los guardias me detuvo: estaba delante de mí y sacó su brazo de repente: frené en seco para no estrellarme -¿What happen?- le pregunté, -No camine tan rápido- me dijo…

También recuerdo a un vendedor americano que se reía de lo que almorzaban los demás cuando se levantaban de la mesa, y a otro que me contaba a manera de chiste que estuvo aprendiendo español con todas las señoras mexicanas que habían hecho el aseo, como si el español fuera un idioma exclusivo de inmigrantes tercermundistas.

Aproximadamente una semana después, mientras limpiaba unas huellas de una vitrina de la sección de joyería, vi a un cliente sentado esperando a que la vendedora sacara algo. Me acerqué y le pregunté: would you like something for drink? en ese momento, la mujer, que tenía unos guantes de látex para sostener las joyas, volteó bruscamente y con su mano me indicó que me alejara. Esa fue la última vez que le ofrecí una bebida a un cliente.

Cuando la vi de nuevo ese día, me aclaró que tenía rotundamente prohibido acercarme a los clientes, que mi trabajo era limpiar, sacar la basura y pasar de ser percibida para no incomodar a nadie...

Hoyitos

Nicolás, el colombiano que me consiguió el Studio del pintor en Brooklyn y los trabajos en Dior y Chanel, trabajaba muy cerca y me recogía todos los días para ir a almorzar. Ya no lloraba en los andenes, ahora tenía sus brazos.

Él había venido a Nueva York por obligación: su mamá, que está casada aquí, le dio un ultimátum: podía venir como residente pero antes de los veintiuno (edad en la que aquí se llega a la mayoría de edad).

Nicolás amaba el arte. Cuando nos juntábamos en su casa, él abría su cuaderno y empezaba a dibujar,  yo abría mi computadora y empezaba a escribir. De fondo, sonaba algún Kozmik Blues de Janis Joplin o sino un rap de Kase-O que le gustaba tanto.

Durante esos momentos creativos casi siempre fumábamos marihuana: la atmósfera de la habitación se volvía blanca y los objetos se perdían entre el humo, entonces nos salíamos por la ventana y nos sentábamos en el techo a mirar los gatos, las estrellas, las ventanitas encendidas y la vulnerabilidad de nuestras almas...

-A veces siento que estoy en un sueño, y que voy a despertar en Colombia en cualquier momento-
-¿La extrañas?
-Era feliz, lo tenía todo, principalmente amor, de mi abuela, de mi viejo, de mi novia, aquí hay mucha soledad
-¿Por qué  no vuelves entonces?
-Me estoy preparando para volver, voy a estudiar aquí, y cuando vuelva seré el alcalde de Bogotá

A Nicolás se le formaban hoyos en los cachetes cuando sonreía, (osea todo el tiempo) y creía saberlo todo: política, economía, literatura, ciencia... jamás podías corcharlo porque si no sabía algo, se lo inventaba…

Al comienzo no podría decir que era mi novio, teníamos relaciones, sí, sexuales (nunca hacíamos el amor. Él era muy joven, muy acelerado, y los dos sabíamos que nuestros corazones no se correspondían), compartíamos la música, mucha comprensión y también mucha soledad aunque estuviéramos uno al lado del otro.

Él tuvo que dejar a su novia en Colombia para venir a Estados Unidos. Todos los días me encontraba cartas y dibujos para ella regados por su habitación: Aylin te amo, te extraño. Aylin me dueles, Aylin te necesito... Aylin, Aylin, Aylin… Incluso conversaciones de él con su familia preguntándoles cómo estaba ella. Pero eso no me importaba ¿qué podía hacer?… total yo no amaba a nadie, bueno, a veces amaba al que vuela, pero él estaba demasiado lejos como para agobiarme…  en eso, Nicolás y yo éramos muy diferentes. 

El último día

Viernes.

Había acabado todo el trabajo, ya estaba cambiada y arreglada. Me disponía a salir del edificio cuando uno de los vendedores bajó apurado y me preguntó si podía subir

-Ya estoy cambiada- le dije
-No importa, la tienda ya cerró al público y la manager quiere hablar con usted-

Dior sección de bolsos
Eran más de las seis, pero por la supuesta urgencia, subí.

Tenían una especie de junta en una de las oficinas. Unos cinco vendedores gringos y la  manager (una rubia de ojos tan claros que parecían blancos y varios kilos de sobrepeso) me esperaban:

-Buenas tardes, ¿pasa algo?- pregunté
-Aquí hay dos vasos sucios-
-Lo siento, no me di cuenta, mañana a primera hora…-
-¡No puede quedar absolutamente nada sucio!- me interrumpió
-Lo siento- le repetí - ya estoy vestida, mañana a primera hora los bajo-

Todos me miraban, miraban mi vestido de colores, mi cabello largo ondulado, mis labios rojos, mis piernas blancas, mi mochila wayú de figuras azules

-¡Los vasos están incompletos y mezclados! ¿Por qué están mezclados?
-Así han estado desde que llegué-
-¿Y por qué no ha hablado en bodega para hacer el pedido?
-Ya hicimos el pedido pero aún no llega
-¡¡¡¿Acaso no sabe que trabaja en Christian Dior?!!!…- gritó-

Quería correr a mi casa, escribir, ver Netflix, fumar, cualquier cosa menos estar en ese lugar, en ese momento, a esa hora.

Comenzó a gritar tan fuerte que dejé de entender lo que decía… 

*Cuando hablas un segundo idioma y no lo dominas como a tu lengua materna, desarrollas una habilidad a la que llamo “apagar el entendimiento” si dejas de esforzarte en entender… pues sencillamente no entiendes! (jajaj qué profunda) pero básicamente lo que puede ser una frase es transformado en un sonido sinsentido, eso fue lo que me pasó.

Los demás me miraban en silencio… me pareció que todo iba en cámara lenta. Mis ojos se inflaron con agua y comencé a ver borroso… Veía aquello como una escena muda: solo una boca moverse, una cien fruncida, unos gringos de fondo… el pecho me empezó a doler…

Sin pensarlo, mis pies se movieron hacia atrás, primero un paso, luego dos y finalmente me di media vuelta y seguí alejándome…

Creo que me llamó para que volviera, no estoy segura… la dejé ahí parada, hablando sola, hablándole a nadie.
 
Jamás regresé. 

Margarita at Brooklyn Bridge
Creo que eso es lo más difícil de llegar a un país nuevo, muy pocos comprenden lo mucho que cuesta estabilizarse (en todos los sentidos)…

Después de Dior, busqué trabajo como loca, pero no encontré. Cuando mi situación se volvió desesperante, tuve que llamar otra vez al dueño del supermercado a pedirle disculpas y preguntarle si me podía recontratar (KARMA). No dijo ni no, ni sí, no dijo nada, primero dijo que lo llamara a la semana siguiente, a la semana siguiente dijo que lo llamara a la semana siguiente y me quedé esperando.

Para relajarme iba al parque de Flushing a montar bicicleta con Nicolás o con mi hermana. Amaba el viento de los árboles acariciándome la cara, en los parques se respira la paz que nos quita el cemento.


Flushing Meadows Park 
El parque de Flushing es el más grande de Queens y queda a una cuadra de la que entonces era mi casa, además es famoso porque en él están los "platillos voladores" de la película Hombres de Negro, esos que la cucaracha gigante quería alcanzar para salir del planeta y conquistar la galaxia o lo que sea.

Por cierto, no son “platillos voladores” en realidad se trata de un observatorio: fue abierto en 1965 y hoy en día está siendo devorado por el óxido. A pesar de que ha habido varios planes de recuperación, nada se ha concretado. Sin embargo, nadie puede negar que el hecho de ver estos intrigantes objetos, electriza las pupilas.

El parque además, tiene el monumento  “El mundo” que estoy segura si no han venido a Nueva York, lo han visto en fotos: está rodeado por una fuente gigante en donde las personas se bañan en el verano. Ves a los niñitos brincando entre los chorros de agua, y unos hasta con vestido de baño.

Además Flushing Park cuenta con un museo, un parque de diversiones y conecta con el estadio de tennis Arthur Ashe donde se celebra el US OPEN.

Der: Monumento "El mundo" y mi habitual paseo en bici. Izq: Observatorio de Flushing Park
Fuster Law
Estados Unidos tiene una población inmigrante de 40 millones!! (Eso es casi toda Colombia) de esos, once millones no tienen permiso para permanecer en el país. Ahora,  Nueva York es el estado con la mayor población de inmigrantes tanto legales como ilegales, por eso, ser abogado latino o pro inmigrante es un excelente negocio en esta ciudad.

…Y, ahí terminé yo, trabajando como recepcionista en una oficina de abogados para hispanos: se llamaba Fuster Law.

Fuster Law Entrada principal
El training me lo hizo David, un fanático evangélico de Honduras que todo lo ponía en manos de Dios.Casi siempre iba vestido con sweaters y camisas coloridas de las que se asomaba solo el cuello. Tenía el pelo pegado para atrás con gel o a veces suelto al natural en forma de hongo.

David hablaba español, inglés, japonés, alemán, había rodado documentales para Telemundo, hizo radio y televisión, además era paralegal (la mano derecha de los abogados aquí en EEUU), sabia de economía, finanzas, física, derecho americano y creo que se me están olvidando varias de sus habilidades. Nunca llegué a corroborar si eran verdad, pero en fin, así era David, con su modo suave de ser y tratar a cualquier persona histérica que entrara al lugar. Jamás lo vi perder la cabeza, siempre estaba perfectamente puesto en su sitio, dirigiéndose a los demás con un hablar pausado aunque el mundo entero se le estuviera cayendo encima.

-Buenos días señorita ¿cómo se encuentra hoy?-
 -Bien David, ¿y usted?-
 -De la mano de Jeová muy bien, que tenga usted un lindo día señorita-

Y cerraba con una sonrisa.

(A veces imaginaba que en las noches, cuando llegaba a su casa, David entraba en estados de pánico e histeria, que se retorcía y gritaba y rompía cosas a propósito de desahogar todos los sentimientos negativos reprimidos durante el día)

La oficina era un espacio para unas cincuenta personas, pero solo trabajábamos cuatro: David, el abogado principal, su paralegal (una mujer un poco despistada) y yo. Por todo el lugar habían archivos regados, pasaportes ajenos, cartas de inmigración, fotos, matas muriendo, ropa, zapatos, termos… estaba todo esparcido como si hubiera pasado un huracán.

Fuster Law
Un día David me contó que todos los abogados que trabajaban ahí habían traicionado al señor Fuster (el abogado principal), le robaron su dinero y se tomaron la empresa. Me relató la noche en la que entró por la ventana luego de escalar la pared del edificio, así pudo cambiar los códigos de seguridad y recuperar el software donde salían todos sus clientes.

La base de clientes de Fuster Law rozaba los ochocientos. Ochocientas personas habían abiertos sus casos y entregado su dinero a ellos. Lo raro, es que casi todos los archivos en el software, aparecían como casos cerrados o sencillamente abandonados.

Además del señor Fuster, había un grupo de chicas que trabajaba desde México, aunque para los clientes, ellas eran abogadas ubicadas en Nueva York, por las mismas líneas telefónicas los transferíamos con ellas, luego colgaban y dejaban de llamar por un par de semanas. Cuando los clientes querían un cita en persona, el señor Fuster los atendía y aunque llegaran histéricos, salían todos con una sonrisa. Así se manejaba la oficina, fue algo de lo que me fui dando cuenta con el tiempo.

En las noches, sobre mi almohada, me preguntaba si lo que hacía estaba bien o si me estaba volviendo cómplice de algo ilegal…

De turista a estudiante
De nuevo, mi tiempo como turista se estaba acabando, y mis ansias de quedarme seguían intactas. Es cierto, Nueva York es adictiva... 

Comencé a averiguar qué tenía que hacer para cambiar mi status al de estudiante:

El gobierno americano te permite cambiar de status estando dentro del país si envías una aplicación y presentas una serie de documentos en los que se incluyen: la aceptación a una escuela y las evidencias de que existe un sponsor, o alguien que puede sostenerte en este país mientras realizas tus estudios.

En mi caso, mi sponsor necesitó tener $13.800 dólares en su cuenta para que me aprobaran un año de estudios. Obviamente se debe presentar extractos bancarios, cartas y toda la documentación debidamente traducida.

*Así que si están como turistas en Estados Unidos y están pensando en alargar su estadía, primero que todo deben ir a una escuela (ahí los van a guiar con el proceso de recolección de los papeles) y segundo, deben conseguir el sponsor, o en español, el patrocinador, porque este es el requisito PRIMORDIAL: a los gringos les preocupa que los inmigrantes trabajen aquí, así que saber de dónde va a provenir el dinero para el sostén diario es muyyyyyyy importante.

En realidad NO es tan difícil como parece.

Documentos certificados, día de envío 
Peeeero, yo (dejando todo para lo último) me dejé coger la tarde y envié los papeles una semana antes de que se venciera mi status de turista y con un documento faltante. ¿Qué pasó? Me hicieron firmar una carta que decía que no se hacían responsables si mi solicitud era rechazada...

Estaba decepcionada, cagada del susto, tanto esfuerzo, tantas vueltas para que te digan anticipadamente que lo más posible es que fracases... para que te hagan firmar una  carta en la que dice que tu solicitud probablemente se va a ir a la verga...

¿Entonces para qué envío esto? pensaba. ¿Cómo es que tienes que hacer tantas cosas para poder quedarte en un país, si se supone que el mundo con sus mares, sus montañas y mariposas, con sus arcoíris y  cascadas, sus unicornios y sirenas es de todos? Pffffff mi manera  hippie de ver la vida, no me servía para nada en el impero Yankee…

Ustedes se preguntarán qué es lo que me obligaba a quedarme en un sitio en el que estar cómodo cuesta tanto, y yo también me lo preguntaba, tal vez la respuesta llegó antes o hace poco, no lo sé, pero llegó... y ahora entiendo que estaba tan acostumbrada a mi comodidad... estaba completamente relajada en mi país, pero llegar a otra realidad que te exige retos todos los días, que te hace fuerte a punta de lágrimas y de triunfos... te devuelve vida, te inyecta adrenalina y sobretodo te muestra quién eres, te enseña a decir: ¿sabes qué? no vas a poder conmigo... o al menos ese es mi caso...
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4 comentarios:

  1. Margarita, me encanta tu historia, estoy súper atenta, a la 4 parte
    Yo también eh querido irme de mi tierra Melgar, Colombia, pero me da susto ..
    Eres fuente de inspiración

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  2. Wow me tenés atrapada con ésta historia. Mi sueño es vivir en New York. No sabes cómo he aprendido de todo lo q hablas. . Gracias por contarnos todo. Espero la 4 parte

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  3. He procastinado gracias a tu blog, sin embargo me tiene a la espectativa. He tenido varios clientes de NY. He ido por poco tiempo pero comparto: es una ciudad adictiva. Mauricio me sugirió leerte. Y vaya que buena recomendación. Quedó pendiente de la cuarta parte.

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IM: @margaritabeblog