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Soy flaca pero no de hambre, ya dejémonos en paz


Siempre he sido flaca, muy flaca, jamás he sobrepasado los 50 kilos a pesar de mi estatura. Sin embargo eso no ha sido algo que me preocupe o me perjudique; unos cuerpos no engordan fácilmente, otros sí. Simple.

Hace unas semanas mi compañero de trabajo al verme entrar al baño asumió que había vomitado. Me pregunta cuando me ve salir ¿has vomitado? y yo me quedo en total estupor. Es la pregunta más fuera de lugar que me han hecho en la vida. Como quien dice, es flaca, entró al baño, blanco es gallina lo pone. Al contestarle que no, me responde: no te sientas mal, yo también sufrí anorexia involuntaria…

La situación me llevó a recordar algo similar que ocurrió hace ocho años;

"La anorexia en pasta"
Así me gritaron por la calle cuando iba para el colegio, tenía dieciséis, tuve que detenerme a pensar si caminar por ahí simplemente siendo yo, era un delito. 

Fue desconcertante para mi yo de dieciséis escuchar una calumnia tan agresiva por parte de alguien que no tenía la más mínima idea sobre mí. Calumnia porque jamás he tenido problemas alimenticios y agresiva porque primero no estaba pidiendo la opinión de nadie y segundo la anorexia es una enfermedad demasiado grave que afecta profundamente el cuerpo y la mente de aquellos que la padecen. Estamos hablando de un trastorno que (aunque no existen cifras oficiales) se estima produce alrededor de 100 muertes por año en el mundo, con un 8% en el campo del modelaje. 

Honestamente, nunca pensé escribir sobre este tema, pero la repetición de estos hechos es algo que me puso en la obligación de hacerlo, ya que en un espectro más general, me preocupa el significado que estamos dando como sociedad a la apariencia del cuerpo.

Lo peor del caso, es que jamás me he avergonzado de ser flaca, todo lo contrario, soy feliz andando desnuda o en tangas y amo verme al espejo. Así que mi delgadez se convirtió en un concepto totalmente ajeno a mí, cosa que me lleva a preguntarme ¿acaso no tengo derecho a llevar con tranquilidad mi propio cuerpo? Un cuerpo que amo por su apariencia y al cual adoro porque puede comer y comer y comer sin subir de peso.


Soy muy consiente que esta envoltura que me regaló la vida es hermosa; es pequeña y delgada, pero es perfectamente proporcional, cada  trocito está en completa armonía; mis huesos, mis músculos, mis extremidades son demasiado fuertes. Puedo correr y tener energía suficiente para soportar una rutina de ocho horas de trabajo y cinco de estudio por seis días a la semana. Gozo de plena salud, no tengo ninguna enfermedad y si me da gripa dos veces por año es mucho. Mi cabello crece a gran velocidad, es brillante y frondoso, mis uñas nunca se parten, mis dientes conservan su color claro característico de mi juventud, mi piel es suave y brilla, no es grasa ni seca y se mantiene clara gracias a mis genes. Todo en mí brota con perfecta fluidez y belleza. Quienes me conocen saben además que amo comer (como hamburguesa, pizza, chocolates, helados, postres, amo el sushi, el ceviche y la comida colombiana, de hecho amo cocinar y comer lo que cocino) y  no me gusta que me digan flaca, no porque no acepte serlo, sino porque nunca he estado de acuerdo con etiquetarnos unos a otros basándonos en características físicas, sin embargo eso no me hace menos flaca y está bien, no tengo problema.

El daño colosal de las campañas "realistas"


Actualmente hay un puñado de campañas que defienden a las gordas y le recriminan a marcas de lencería femenina por convertir a sus modelos en anoréxicas. Las campañas alegan que ser gordita no tiene nada de malo porque un cuerpo real es un cuerpo con “kilitos de más”.  Pero yo tengo que decirles QUE NO, que no hay nada más alejado de la realidad, que en primer lugar están creando un estigma directo contra quienes somos delgadas por naturaleza. Aunque no sea esa la intención, terminan dando a entender que nosotras por ser delgadas somos menos reales o tenemos algún problema o enfermedad, y en segundo lugar, ¡no hay que ser gorda para ser real! Por fortuna los cuerpos reales son trozudos, atléticos, gordos o delgados porque la humanidad es diversa. Es una cuestión muy lógica y sencilla que todos conocemos ¿verdad?




Entonces entendí que no se trata de obesidad o delgadez, se trata de prejuicios, somos una sociedad prejuiciosa, obligada a asumir que SIEMPRE tiene que haber algo mal contigo. Si eres gorda tienes complejos, sufres de ansiedad y comes para remediarlo, "pobre niña debe sufrir mucho por ser gorda". Si eres flaca eres una enferma que seguramente tiene problemas de autoestima y se obsesionó con bajar de peso, “pobre niña debe ser que no come".


Les puedo asegurar que no existe un grupo que sufra menos agresión que otro, no es cierto que juzguen más a las gordas, la presión social busca destrozar a toda persona sin importar su condición física. 

Nos estamos transformando en sociedad enferma, enferma porque vemos enfermedades por todo lado, enferma porque nos deleitamos con la crítica. No se puede ser tranquilamente lo que se es; entonces pienso ¿qué nos queda? si ni siquiera tenemos la última palabra sobre lo único que nos pertenece completamente en la vida; nuestro cuerpo.


Ahora bien ¿Seguirán todos siendo cómplices de esta espiral de destrucción en la cual somos víctimas y victimarios?. De la forma más honesta digo ¡dejémonos en paz! en mi caso, y como ya dije anteriormente, no estoy pidiendo la opinión de nadie, con la mía me basta. Y de mí tampoco esperen opiniones sobre sus cuerpos, lo último que quiero es seguir dándole fuerza a tantos complejos que parecen garrapatas y terminan en anorexias, bulimias y muertes de quirófano.  
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