La verdad sobre Nueva York


Por momentos siento que el hecho de vivir en Nueva York me quita la capacidad de asombro. He visto a gente agitar su cuerpo y orar en lenguas extrañas en pleno Subway, he visto a otros desnudarse en Times Square a cero grados centígrados y a muchos almorzar dentro de los vagones del tren en movimiento con cubiertos y sobremesa en mano. He interactuado con personas de Venezuela, Holanda, España, Chile, República Dominicana, México, Ecuador, Perú, Honduras, España, Argentina, Brasil, Argelia, Kasajistán, Panamá, Italia, Turquía, Corea, Philiphinas, Marruecos, Polonia, Bangladesh, Francia, Puerto Rico, y creo que aún me faltan.

Aprendí que annyong haseyo significa hola en Corea, a decir azul para saludar en la Argelia Bereber, que ciao funciona como bienvenida o despedida en Italia, que en Brasil se dice bom dia y jak się masz significa ¿cómo estás? en polaco; que los árabes se saludan !as-salam aleikom! y que ¿hoe laat is het? se utiliza para preguntar la hora en holandés. 

En Nueva York lo quieras o no, te conviertes en maestro del espanglish. Empiezas a hablar este idioma que antes sonaba tan de mal gusto. Tu cerebro trata de lidiar con las palabras, desenredar la lengua para utilizar el idioma que conoces de toda tu vida y el que intentas aprender simultáneamente. "Oh men, it´s so cold jueputa".

Te das cuenta que entre el acento de los chinos, bangladesís, mexicanos y árabes tu inglés no suena tan mal y notas cuán increíble es que gracias a ello puedas saber qué piensan de la vida los seres humanos del lado Oriente del mundo o cómo percibe a Colombia un polaco.

De pronto otro día estás con una española y un dominicano caminando a un bar de jazz; o jugando frisbee en Central Park con un grupo de ingleses. Yo le llamaría la unificación máxima de la cultura. Además empiezas a explotar ese don de reconocer a tu propia patria en la calle. Solo con ver caras sabes quién es colombiano. El inconfundible "parce" la piel entre blanca y dorada, "sí señor" "no señora" "qué pena" "a la orden" esa jerga tan humana y a la vez comedida que representa al colombiano, un ser de estatura promedio, mochila, tennis, bufanda, chaqueta de cuerina, o si es paisa cámbiele la bufanda por una camiseta de la Selección.

Ahhh y vaya olvidándose de que el transporte en Nueva York es una maravilla. En horas pico Transmilenio no tiene nada que envidiarle. Se ven de lejos las personas apelmazadas, con los vidrios empañados por aquello de la calefacción durante el invierno. Muchas veces se forman trancones en las escaleras de las estaciones o en el mismo pasillo antes de bajar. Toca esquivar gente, y si paras dos segundos seguro te llevan por delante. Creo que en el Subway es donde más clara se torna la esencia de la ciudad. En menos de treinta segundos pueden pasar ante tus ojos más de quince personas, cada una de diferente parte del mundo.



Times Square
Dentro de las estaciones, (esto de las estaciones se resume en otra ciudad subterránea) sobre todo en Times Square, puedes apreciar a los hindi cantando mantras en el piso mientras unas cuatro mujeres vestidas muy colorido bailan al rededor. Al lado se sienta un hermano que vigila la mesa llena de libros sobre el amor de Krishna (son totalmente gratis claro, o si usted gusta puede dar una donación y llevárselo sin tanto remordimiento).

Puede ver también chinos octogenarios tocando el Erhu (tuve que buscarlo en Google) un instrumento de cuerda que suena parecido al violín y produce una melodía hipnotizante, invasora, que no puedes dejar de seguir. Caminas a través de los túneles repletos de gente y sabes que te vas acercando cada vez más a ese hombre sentado en un butaco, tocando esa cosa increíble que jamás habías visto en tu vida.

Y nunca faltará el americano que quiso ser homeless o indigente como decimos en Colombia, porque hay que admitirlo, Nueva York es la ciudad de las oportunidades, hasta los mismos inmigrantes ilegales pueden conseguir un trabajo y sobrevivir sin mayor problema, por eso digo que quisieron. Escriben en un cartón "I'm just hungry" o "Give me money for weed" suelen ir vestidos de tennis Nike y ropa de taches con barba larga y pelo desmechuzado, y no es de sorprender que cuando vayas en el tren se pare alguno y empiece a gritar o a hablar con alguien que no existe, muchos duermen en las sillas provocando que nadie se suba al vagón. Así que ya sabes qué pasa si ves un vagón vacío.

En otros casos se puede deleitar el oído con algún niño asiático prodigio que interpreta pulcrísimamente las obras de Mozart, o el Disc Jockey que hace sonar sus propios platos y rapea; incluso en estaciones como Grand Central,  hay supermercado, floristería, cafés estilo británico y la escenografía icónica de no sé cuántos cientos de films. 


Grand Central

Pero no todo puede ser bueno. Al ser este sistema de transporte quizá uno de los más antiguos del planeta, se ha convertido en hogar de miles de ratas que van cruzando los rieles del tren a cualquier hora del día y en cualquier estación de la ciudad.

Aquí además se dice sorry tooodo el tiempo, incluso si rozas a alguien. En Nueva York la gente entiende que el espacio personal es importante, sobre todo los americanos quienes nunca se presentarán de pico en la mejilla. Ellos van ganando el contacto corporal paso a paso, algo que nunca entendería un Colombiano o más bien un latino; aquí me he dado cuenta que Sudamérica tiene una extraña pero hermosa cercanía entre sus habitantes. Puedes hablar con un mexicano o un chileno tan cómodamente como con un colombiano. Cosa que no pasa con culturas más lejanas como las asiáticas que suelen ser reservadas y un tanto frías.

Otra cosa bastante extraña de esta ciudad o este país (no estoy muy segura) es que el tiempo corre sospechosamente rápido ¡de verdad! pregúntenle a quién sea. Puedes tener veinte minutos para salir de casa y mientras cuelgas una camisa pasaron quince. Y ojo, en ciertos momentos el sol se apaga. Parece que oscureciera de pronto, pero en cuestión de unos dos segundos vuelve la luz, créanme, de verdad pasa, y a veces ni siquiera yo puedo creerlo.

En invierno esperar bus se vuelve un infierno. Puedes esperar por veinte minutos en un clima humano,  me refiero, donde pueda sobrevivir un organismo vivo como al que estamos acostumbrados en Colombia. Pero esperar en medio de la nieve, con vientos que quieren levantarte del suelo y te rozan el cuerpo a una temperatura de tres grados bajo cero no es fácil.


Avenida Roosevelt

Para quienes se preguntan sobre la gastronomía, salir a comer es algo confuso porque puedes encontrar en la misma calle comida hindú, mexicana, japonesa, colombiana, y peruana. La mexicana generalmente es infaltable, de hecho es muy raro que no haya un restaurante mexicano en una calle de Nueva York. Los hindúes tienen una obsesión con el picante y las especias, mezcla que te hace moquear y lagrimear, y la comida Thai por otro lado me tiene fascinada con sus sabores frutales. 

Sobre los productos, es muy común encontrar jugos que dicen: 100% real juice. Como si hubiera jugo de mentira. Hay envases que contienen brócoli, algas, banano y manzana licuados. Como quien dice toda una comida "saludable" pero no libre de conservantes.

También es verdad que la gente bota cosas en perfecto estado a la basura. El consumismo desaforado hace que cada vez sea más fácil comprar, así que no es necesario gastar algo para reemplazarlo, y cuando ganas por horas y te pagan semanalmente, parece que el dinero viniera por cantidades; pagar aquí no es un problema.

Sin embargo, el precio es otro: muy pocas veces se puede concordar con un amigo, hacer que coincidan los horarios parece un truco de magia imposible. Aquí no es como en Colombia que hay un mismo fin de semana para todos. Aquí tu fin de semana puede ser martes y jueves, el de tu amigo miércoles y sábado, o incluso solo sábado... la cuestión es que el trabajo es la parte central del estilo de vida newyorkino. Aquí no eres esencial en ningúna parte, te reemplazan fácil y ajustan tu trabajo a la cantidad de horas que tengas disponibles. He conocido personas que han pasado por cinco trabajos en un mes, que trabajan los siete días de la semana, que llegan a tener tres trabajos al tiempo y el caso más extremo que pude apreciar, fue el de una mujer que solo dormía durante los trayectos de tren entre un trabajo y otro.

Se vuelve algo mecánico el hecho de producir y comprar. Los planes de todos cuando no están trabajando son ir al Mall de shopping, o hacer Laundry (ir a la lavandería). Y aunque hay miles de eventos gratis todo el tiempo, los turistas son quienes realmente los disfrutan. Conozco algunos que nunca han ido a la Estatua de la Libertad a pesar de llevar diez años aquí. Que no saben nada en inglés porque nunca han salido, si no es para dormir, de la cocina en la que trabajan. Y así, miles. 

En resumidas cuentas Nueva York te tratará dependiendo de tu capacidad para enfocarte en lo positivo y asumir lo inesperado, lo desconcertante, lo extravagante, con toda la alegría y el humor del caso.

Nueva York es una ciudad que te muestra qué tipo de persona eres, te hace chocar de frente con la realidad no solo de una ciudad, si no de un mundo y te hace sacar lo mejor que tienes para sobrevivir en él. Es la cosa más bella, artística, curiosa e hijueputamente dura que vas a conocer jamás.
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2 comentarios:

  1. Siempre me han gustado tus artículos, pero esta (debo decir), es la primera vez que me emociona taaanto!!... espectacular mi Maryi, te felicito... Eres una gran escritora.. N.G.

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    1. Hermosa, no sabes cuánta felicidad siento al leer esto. Me llenas de esperanza y amor hacia lo que hago. Te quiero mucho, tu apoyo es el sustento para seguir adelante.

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IM: @margaritabeblog