La fábula del tornillo (solo para cobardes)


Este era un tornillo, pero no uno cualquiera. Era un tornillo especial. Se preguntaba cosas y allí radicaba su diferencia. No elegía los planteamientos de los demás que trabajaban unidos y formaban un mecanismo complejo en esencia, pero ya estandarizado por el hombre.






Dudaba de su propia naturaleza, no entendía (al igual que todos sus hermanos) cómo funcionaba el mecanismo del que era parte, solo sabía que cumplía una labor fundamental dentro de él. Tenía que quedarse firme, sostenido en su lugar y hacer mucho esfuerzo en no desencajarse del trozo de plástico al que estaba enroscado. No era nada fácil. Los humanos están convencidos que con atornillar basta, pero mentira, todos desconocen el esfuerzo extraordinario que debe hacer un tornillo para mantenerse agarrado. Apretar su cuerpo de metal y echar la cola para atrás como atornillándose más cada vez, pero sin hacerlo realmente.

A veces siento que no entiendo nada, nada de nada. Sé que sostenerme es importante, pero lo que no sé, es ¡a qué estoy sosteniendo! ¡Eso es lo que pasa! Quisiera salir y ver qué es, qué hay afuera y qué produce ese sonido irritante que nunca se detiene; bueno, una vez sí se detuvo, fue el único día que he visto de frente a un humano. El sonido paró y las pilas ya no decían nada, parecían muertas, así que el humano se puso frente a mí y vi cómo con sus dedos retiraba las pilas y ponía otras dos. Las nuevas me simpatizan, pero fue una dura pérdida para todos. 

Hace poco, una de ellas me dijo que escuchó a los humanos hablar sobre alguien llamado tiempo, "decían que es muy raro porque se va y ellos no se dan cuenta" pero yo digo ¿cómo alguien se puede ir y nadie notarlo? a lo mejor podrían crear algo para registrar cuándo se va y cómo es que lo hace. Por ejemplo esa cuestión del tiempo es otra que me queda en duda. 

También pienso a veces que si dejara de sostenerme y no empujara más hacia atrás, podría caer y llegar mágicamente a un lugar más silencioso o por lo menos sin tantos tictacs. Pero es solo una idea, no me atrevo a realizarlo; cuando me siento más decidido, me lleno de miedo, este lugar ya lo conozco y bien o mal sé desempeñar mi función. Aunque tal vez afuera tenga oportunidad de ver algo que jamás he visto. Sé que afuera existe porque escucho como cosas que se mueven y se rompen, pero no lo puedo ver, mi panorama es siempre el mismo: la pared  blanca y el hueco donde vive la puntilla...

Y así se pasaba la vida este tornillo tan especial, preguntándose qué hacer pero sin hacer nada mientras sonaba el tictac.
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