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Cuatro cosas que aprendí a mis veintitrés


Hoy, primero de febrero de 2015, cumplo 23 años de haber llegado a este mundo, de haber nacido a la vida, de haber respirado por primera vez. No tengo ningún criterio, experiencia ni mucho menos años para decir qué es la vida, o cómo es debido llevarla, pero he aprendido un par de cosas que por la nostalgia del caso, quisiera compartir con ustedes: la primera es que forzar algo, sea lo que sea, solo logra dañarlo. Basta con mirar una fruta, una flor, una semilla, todos estos milagros tienen su ciclo y toman su tiempo. No se puede pretender acelerar un proceso y tener un mejor resultado. La vida tiene un compañero inseparable llamado tiempo que no podemos acelerar ni detener y del cual estamos irremediablemente agarrados.
Lo segundo que he aprendido, es que el amor es la única cosa capaz de lograr un cambio, solo a través del amor se puede cambiar un prejuicio, solo a través del amor se puede dar la pelea, no es posible luchar por algo que no se ame. Sólo el amor logra desarmar a quien insiste en hacer la guerra. Cuando aquél que hiere no recibe a cambio otra herida, queda aniquilado. Por eso no existe cosa más grande que el amor.

Lo tercero que aprendí es que los humanos estamos plagados de defectos que funcionan como escudos. Nadie hace sentir mal a otro sin que antes alguien más lo haya hecho sentir mal a él. Nadie ofende a otro sin que antes alguien le haya enseñado cómo ofender. Por eso, cuando se toma en cuenta solo lo bello, se caen todos los escudos.

Durante nuestra vida, las instituciones (familia, iglesia, colegio, universidad) nos enseñan a ser, nos dictan cómo ser, de qué manera y en qué intensidad. Actuamos de acuerdo a patrones de conducta, de acuerdo a tradiciones, de acuerdo a correctos o incorrectos. Todo el tiempo actuamos, actuamos tanto, que olvidamos quiénes somos. Nos enseñaron a temerle al ser, “no haga eso” “no se mueva tanto” “no sea tan curioso” “no corra tan rápido” “no no no”, dijimos tanto no, que terminamos diciendo no a nosotros mismos… por eso, lo cuarto que aprendí es que la mejor forma de vivir, es sencillamente ser. Ser sin ninguna pretensión, sin manchas, sin telones. Esa es la única forma de fluir, siempre decir sí, decir sí al espíritu porque fue el que nos tocó y no hay más después de eso.

A través de la historia, miles de hombres han tratado de entender de dónde venimos y para dónde vamos, pero ninguno ha podido encontrar la respuesta porque nos guste o no, esas dos cosas son las únicas que jamás conoceremos. Sobre la vida solo está claro que avanza y termina. Ambas cosas están presentes en cada segundo de la existencia. Yo estoy aquí como usted que lee esto y me voy a morir como usted que lee esto. Entonces, ¿Para qué filosofar? ¿Para qué llorar? ¿Para qué lastimar? si en menos de nada seremos solo un recuerdo, seremos despojos de algo que fue… ¿por qué no hacer de ese “fue” algo hermoso? ¿Por qué no reír,  cantar, brillar, amar?
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2 comentarios:

IM: @margaritabeblog