Sobre montar en Transmilenio




Despertarse inmaculado, ducharse inmaculado, vestirse inmaculado, abandonarse a la acera inmaculado, mover las piernas al son de un optimismo inmaculado que con suerte será desplegado en labores de oficina. 

Entrar en la estación inmaculado, tomar el Transmilenio y sentir el tacto insistente de gentes malhumoradas; percibir la conglomeración de olores, sentir que el cuerpo se inunda de toqueteos extraños.


Experimentar el roce del jean foráneo, de la bolsa con contenido no identificado, o en dados casos, de una mano morbosa. Los roces se vuelven impactos brutales y un vaivén con vibración motorizada atesta los oídos. 

El vaivén solo es interrumpido por algún chillido ocasional de disgusto. Los impactos se proliferan e intensifican… 

...abandonar el Transmilenio con la sensación de haber olvidado algo entre el armatoste, llegar a la oficina arrastrando el cuerpo con cansancio prematuro y comenzar a trabajar.

Imagen: Margarita Be.

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