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Bebés poco agraciados

Pintura: Pablo Picasso
Aunque pocos se hayan percatado, además de vivir, de trabajar, de vivir para trabajar, y de trabajar para comprar, tenemos otra obligación que la verdad es más que güevona. Un secreto a voces del que nadie habla pero todos saben: decir que todos los bebés son bonitos. “!Ay! qué hermosura”, serán siempre las palabras pronunciadas ante una foto en la que el protagonista es un neonato con pelo flechudo, baba en los labios, cacheticos abombados y generalmente más prominentes que la cabeza, y un saquito en croché blanquisísimo. 
Sé que les ha pasado, sé que lo han vivido: Llega alguien y les confirma que el bebé no es bonito, que definitivamente nació feo, que fue a visitar a la mamá en dieta y el recién nacido se parece más a un miquito que a cualquier otra cosa. Pero nadie, ¡jamás!, en la historia se ha atrevido a decírselo al orgulloso progenitor. ¡Nadie!

Ojo, este texto no intentará convencerlo de que lo haga, porque tanto usted como yo sabemos que si lo hace puede ir olvidándose de esa amistad o de ese lazo de consanguinidad. 

Escribo esto porque se me hace bastante graciosa la situación que mi imaginación no alcanza a recrear. ¿Cómo sería y qué sucedería si alguien pusiera en duda la “irrefutable” belleza del pequeño? 


Supongamos que la madre o en su defecto un hermano de ella (un tío siempre tendrá el ojo brilloso mientras presume en fotografías al bebé como si fuera propio) le muestra una fotografía de la criatura esperando un halago por respuesta. Usted mira la imagen detenidamente. Detalla los ojos, el pelo, las fosas nasales, la piel, se lleva la mano al mentón y replica: "¡Qué bebé tan feo, se está pareciendo mucho a César" (porque en la mayoría de los casos, si no son todos, el culpable de la fealdad es el papá).


¿Se alcanza a imaginar qué cara pondría el otro? yo no. Tal vez se reiría incómodamente dando por sentado que es una broma y acto seguido al percatarse de su seriedad le eche un madrazo. El caso es que comprobarlo sería una de las cosas más osadas hechas por el hombre; esperemos no escojan a su niño para este experimento.

Sin embargo, los bebés son tiernos por naturaleza y si carecen de gracia, usted sencillamente puede resaltar esa característica en caso de preferir ser sensato: “¡Ayyy qué ternura! mírele no más las manitos” Y listo. 


Así que padres: ya saben por qué la ternura es el principal atractivo de su hijo. 


Nota: Este post solo pretende analizar una situación cotidiana, jamás buscará herir susceptibilidades. Más aún, si tenemos en cuenta la cantidad de críticas que hacemos a diario contra otros, y además, no hay diferencia alguna entre un hombre y un bebé. ¿O acaso no es este último otro ser humano pero de tamaño reducido y menos desarrollado? 
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1 comentario:

  1. "se parece más a un miquito que a cualquier otra cosa" jajajajajaja creo que aún hay más de uno por ahí con esos rasgos de miquito. Como siempre, excelente post.

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IM: @margaritabeblog